Árboles de invierno

Painting by
Painting: Geo Poggenbeek. Rijksmuseum.

Han completado ya
hasta el mínimo detalle
que los desnuda y viste.
Una luna líquida
se mece suavemente
entre largas ramas.
Protegido cada brote
de la certeza del invierno
el árbol sabio resiste
en el frío
soñando.

William Carlos Williams. Uvas amargas: Un libro de poemas (1921)
La traducción es mía.


All the complicated details
of the attiring and
the disattiring are completed!
A liquid moon
moves gently among
the long branches.
Thus having prepared their buds
against a sure winter
the wise trees
stand sleeping in the cold.

William Carlos Williams. Sour Grapes: A Book of Poems (1921)
Translation to spanish is mine.

Eco

Extraño lunes de carnaval. Hoy es festivo en Cádiz, pero un festivo como otro cualquiera, como un soleado día de domingo en el que pasear por la playa o por las calles saboreando la tranquilidad del día de descanso. No hay nada del extraordinario bullicio en el que se sumerge la ciudad en estos días, tan sólo el eco virtual de lo que pudo haber sido, de lo que siempre fue, todos los años, la fiesta que nos define.

Sospecho que miento, y también sospecho que digo la verdad. Porque escribo de lo que no veo, escribo de lo que imagino. No estoy en Cádiz para observar de primera mano lo que ocurre —las medidas preventivas de confinamiento no me permiten desplazarme—, sino en la vecina isla de San Fernando. Pero nací en Cádiz y he visto las calles soleadas muchos lunes de carnaval a lo largo de mi vida; también he visto las calles vacías de la pandemia. El contraste es brutal. Y el mundo paralelo y virtual en el que vivimos es incapaz de sustituir la realidad.

Imagen de un coro del carnaval de Cádiz
Coro Vive, canta, sueña. Carnaval de Cádiz 2018. Foto: Santiago Pérez

Sin embargo, no es tiempo de lamentaciones, de estupor en todo caso, o de rabia contra un enemigo que no piensa, que no tiene sentimientos ni humanidad, que busca la mayor efectividad con el menor de los esfuerzos, un enemigo casi perfecto. Le pierde su incapacidad para pensar, su comportamiento meramente biológico, previsible, animal. Es cuestión de tiempo su derrota.

Y nos vemos obligados a soportar el cansancio, la crisis brutal que acompaña a la pandemia, la tristeza, la soledad, A soportarlos colectivamente, como compartíamos colectivamente la alegría de un lunes de Carnaval. El de este año se ha perdido pero no del todo, se ha perdido su caracter de fiesta, de catarsis colectiva, su alegría desbordada, todo lo bueno que lo define. Todo eso que ahora es solo una imagen, un recuerdo, es la luz que alimenta nuestra voluntad de seguir adelante, la forma más real de la esperanza.

Poco sabemos

A veces me asombra esa capacidad de emocionarnos al conocer a un personaje literario. Por ejemplo, Anna Karenina, o Miss Amelia, de quien escribí en el post anterior. Y al contrario, la falta de empatía y emoción que nos produce, por ejemplo, el vecino de al lado. No es que seamos inhumanos e imperturbables ante los seres de carne y hueso y, por un extraño contraste libresco, nuestra sensibilidad esté más despierta ante un personaje de ficción.

La realidad es que siempre sabremos más de Anna Karenina, de Miss Amelia o de Aureliano Buendía, que de muchas personas con quienes vivimos alrededor. Aunque haya puentes y conversaciones, no podemos acceder al mundo interior de los seres reales porque nos está vetado, incluso de los seres más próximos. Tendremos cierto conocimiento en función de la cercanía o de otros aspectos, pero siempre habrá un territorio absolutamente personal y privado.

Imagen de la obra teatral Esperando a Godot
Representación teatral de “Esperando a Godot”. Foto: Dharampal Singh (cc by-sa)

Sin embargo, los caracteres de la ficción se nos ofrecen desde múltiples miradas —que en realidad es sólo una, la mirada del autor que los creó— mostrándonos aspectos, comportamientos, pensamientos que los definen y describen. Conocemos mucho más de ellos, de su forma de pensar, de sus razones, miedos y esperanzas. El autor nos desvela (siempre he creído que era una manera de desvelarse a sí mismo) ese mundo secreto que nos intriga y atrapa en las páginas de su historia.

Si pudiéramos saber de las personas y sus razones tanto como de los personajes de la literatura el mundo en el que vivimos sería completamente distinto. No sé si mejor o peor, pero posiblemente tendría mucho menos misterio, intriga y alicientes, entre ellos, la oportunidad de conocer con más justicia a las personas con quienes compartimos trayecto.

Coda: Por eso la literatura más realista quizá sea la que deja mayor espacio a la imaginación, a la interpretación del lector. Un ejemplo: ¿qué sabemos en realidad de Vladimir y Estragón? los personajes del drama de Samuel Beckett “Esperando a Godot”. Absolutamente nada, ellos llevan lo que nosotros llevamos dentro.

La balada del café de arena

Los colonos americanos solían hacer whiskey con el maíz sobrante de las cosechas. Todo tiene su utilidad y su momento. Recogido el fruto, hechas las provisiones necesarias, planificado el calendario con la suficiente flexibilidad como para dejar espacio a los imprevistos, ¿qué hacemos con el cereal sobrante? Whiskey. De manera que destilar licor venía a significar que la cosecha había sido abundante y había motivos para la celebración. En el caso contrario, era necesario guardarlo, el maíz, para comer, y los alambiques pasaban un otoño ocioso y un invierno de triste abandono.

Todo esto me recuerda la destilería que montó en su granja la protagonista de “La balada del café triste”, la hermosa historia en la que Carson McCullers escribió la derrota por amor de Miss Amelia. Aquel whiskey, producto de la abundancia, resultado de una gestión ejemplar de los negocios emprendidos por esta señora, gestión que envidiaría cualquier hombre de la época, llegó a convocar en torno a su triste café improvisado de la noche a la mañana no sólo la curiosidad y la afición a empinar el codo de los habitantes de toda la comarca, sino la propia ruina de Miss Amelia, amor mediante, que ya se sabe que no hay fuerza más poderosa en el mundo que esta.

Si leen la entrada que la wikipedia dedica a esta novela corta, verán que en la ficha técnica del libro figura como título original “The ballad of the sand cafe”, confundiendo “sand”, arena, con “sad”, triste. El enciclopedista que anotó el nombre le puso pues un título tan inspirador como el que escogió la propia autora. El resultado: “La balada del café de arena”. Sugestivo, ¿no?. Si han leído la historia, comprenderán lo ajustado de este título erróneo, la fragilidad que se esconde detrás de toda fortaleza, la arena final de las más sólidas piedras.

Por eso tristeza, o arena, ambas parecen tener la misma textura, la misma desazón inquietante de la soledad. Territorio de escorpiones y venenos, siempre es el mismo el resultado que produce el desamor, una especie de ruina fácilmente reconocible en la paredes despintadas de un viejo café o en las arrugas terrosas que definen la mirada de una vieja derrota. Miss Amelia desapareció, nunca más se supo de ella. Y su café se derrumbó solitario ante la mirada cobarde de quienes un día brindaron en sus veladores.

Fantasía infantil

Image of a library lantern slide
Williams, Brown & Earle, Inc. lantern slide. NYPL.

Esta es una diapositiva realizada en 1875 para informar de la utilidad de una biblioteca. Se conserva en los archivos (digitalizados) de la Biblioteca Pública de Nueva York. Dice así:

“Algunas personas no pueden ir a las bibliotecas.
Los libros van hasta ellas”.

El archivo no especifica si se trata de un servicio de préstamo a domiclio para personas con movilidad reducida, lo más probable me dice la parte razonable de mi cabeza.
La otra, que es más plástica y creativa, imagina que hay libros que se escapan, como pequeñas alfombras voladoras, por las ventanas de la librería, y aterrizan suavemente en las manos de una lectora que deseaba entrar en ese universo singular que existe tras las líneas de un libro.
Esta otra parte de mi cabeza podría lamentarse de que, aún a mi edad, piense con la fantasía de un niño. Podría, pero no lo hace. Y me alegro de ello.