Y después

Los laberintos
que crea el tiempo,
se desvanecen.

(Sólo queda
el desierto.)

El corazón
fuente del deseo,
se desvanece.

(Sólo queda
el desierto.)

La ilusión de la aurora
y los besos,
se desvanecen.

Sólo queda
el desierto.
Un ondulado
desierto.

Federico García Lorca. Poema del Cante Jondo.

Nota: La obra de Federico García Lorca pertenece al dominio público. En este enlace de la Biblioteca Digital Hispánica pueden descargar libremente el poemario completo, en concreto la edición distribuida en Chile en 1937.

Salgo a caminar

Salgo a caminar esta mañana. El sol ya está alto en el horizonte antes de dar las ocho. Los días de calor, como los que vienen, es mejor andar a estas horas. No me alejo mucho, se aprecian mejor los detalles. Por ejemplo, que aún permanecen en flor las jacarandas en este mes de mayo que va alcanzando poco a poco su final.

Imagen del árbol jacaranda
Foto Santiago Pérez

Inevitablemente la frase “salgo a caminar” evoca siempre en mí una canción que oí en los últimos días de mi niñez. Por alguna razón que no me he parado a pensar, es decir, a buscar o inventar, se quedó grabada en mi memoria la “Canción con todos” que popularizó Mercedes Sosa. “La cintura cósmica del sur” debía ser, tal vez sigue siendo, una invitación a viajar a las lejanas tierras de América.

Ahora que han pasado tantos años y me intereso esta mañana de mayo por una canción que vino con un paseo aprendo que la escribió el poeta Armando Tejada y que le puso música César Isella. El el audio que sigue pueden oír la voz del poeta argentino recitando “Poeta de la legua” en la Radio de la Universidad Nacional de la Plata.

Imagen de la bajamar en San Fernando, Cádiz
Foto Santiago Pérez

Y con este apunte no hago más que prolongar un breve paseo, estirarlo con versos y recuerdos, anotarlo y compartirlo. Imitar al mar cuando la marea descubre, Cádiz en el horizonte, el fondo oculto sobre el que reposa, dejando a las barcas varadas en la arena o el fango, lejos del agua, aunque a mí me parecen suspendidas en el aire, flotando en la imagen azulada de la pleamar.

Sin embargo, no es del mar el olor que predomina, más bien un olor campestre a vegetal húmedo de rocío que me recuerda también a otros lugares y otros tiempos, a una felicidad recién comenzada, como las primeras horas del día, cuando empezaba a ser joven.

Imagen de barcas en La Isla, Cádiz
Foto Santiago Pérez

Tampoco se escuchan las olas, no ha saltado aún el ventarrón de levante que anuncian los pronósticos, ni se aprecia la multitud que suele pasear por aquí cuando levantan la veda a las veinte. Ahora son pocos: tres patrullas de policía que me abstengo de fotografíar, una cuadrilla de jardineros municipales charlando amigablemente, un joven corredor de fondo que parece medio asfixiado, un ciclista uniformado y con casco, un hombre de barba blanca paseando a un perro, gatos que te miran sorprendidos.

A esta hora compruebo que hay bastante espacio para compartir, así que puedo disfrutar el aire limpio de la mañana sin el filtro de la mascarilla que empieza a ser obligatoria desde hoy. Parece increíble pero al final va a ser verdad que tengamos que pagar un alto precio simplemente por respirar.

Tiempo, silencio y agua

Painting Boat race by Anders Zorn
Boat race by Anders Zorn

El tiempo tiene una elasticidad asombrosa. Si el ser humano ha sido capaz de acotarlo creando horas y relojes, días y calendarios, debería ser capaz de controlar su ritmo. Lo cierto, sin embargo, es que se ha limitado a cuadricularlo para luego dejarse dominar por él. Este es un camino en el que se puede avanzar y que depende exclusivamente de cada persona; sus efectos beneficiosos repercuten sobre todos.
+
Estos días de febrero, marzo y abril, ya desde antes de la expansión de la pandemia del Covid-19, he buscado un poco de silencio, en el sentido de reducir a lo esencial mi trato con la información y el lenguaje. En el mundo en el que vivimos esta búsqueda se ha convertido en una tarea que requiere cierto esfuerzo, pero no es imposible. Y necesaria: el silencio ilumina el lenguaje y su sentido.
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Casi tres cuartas partes de la corteza de la Tierra están cubiertas de agua.
Un 60 % del cuerpo humano es agua.
Y aún hay quien se pregunta el sentido último del epitafio de Keats: “Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”.

Años después

La pared frente a la ventana no es la misma
Hace treinta años parecía asequible pero ahora
se ha convertido en un muro cuyo envés
invisible causa cierta inquietud resignada.

Todo era ir al encuentro, superar la barrera
hasta la libertad necesaria para enfrentar
lo no conocido, para despertar a una noche de amor
envuelto en la luz lechosa de la madrugada.

Vinieron otros muros, el permanente reto hecho vida
un salto tras otro caer, alzarse, alcanzar el siguiente
horizonte de piedra. Hasta que agotadas las fuerzas
la pared frente a la ventana fue ya infranqueable

Entonces vivir atrapado en el laberinto de viejos caminos,
aprender a sentarse, parar el tiempo, cerrar los ojos,
escuchar cómo canta el pico volador, el grito tribal del viento
y la voz del otro. Abrir los ojos: El muro ya no existe.

Publiqué este viejo poema hace cinco años. 
Tal vez pueda servirle a alguien en estos días de confinamiento.

Intimidad

Imagen de la intimidad
Cádiz. Foto: Santiago Pérez

El perfil ambarino del mar al atardecer. Latitud sur; aquí el sol suaviza el temblor del aire en las noches de invierno. Hay una conversación en torno a una taza de café. Las pausas construyen un silencio observador, un silencio que mira el gesto casi imperceptible de las manos, la tenue inclinación del cuello al sonreir, esa delicadeza tierna del amor. El sol se oculta, homérico, en el principio del sueño, invitando a la noche a adueñarse de la luz.

Al hablar intuyen el espacio compartido, la intersección de dos conjuntos que han traspasado su mutua frontera, un pequeño territorio común, apenas explorado. Es la intimidad, el refugio que construyen los amantes para sí, el país en el que el silencio se transforma en un tímido beso. Llega la noche y su cómplice oscuridad. Entre nosotros, el matiz coralino de tus ojos.