Tres peniques de ron

Dickens street portrait by Don
Street portrait of Charles Dickens by Don – Photo: Garry Knight (CC BY 2.0)

Es destino de la mayoría de los que se mezclan con el mundo, y que alcanzan al menos la primavera de la vida, llegar a tener muchos auténticos amigos y perderlos por la marcha de la naturaleza. Es destino de todos los autores o cronistas crear amigos imaginarios y perderlos por la marcha del arte. Y no es esto todo, en el alcance de sus desgracias; pues están obligados a presentar además un informe sobre ellos¨

Charles Dickens. Los papeles póstumos del Club Pickwick.

Traducción de José María Valverde

¡Camarero!

¡Tres peniques de ron para brindar a la salud del gran Charles Dickens!

Un amigo inesperado

gorrion
Foto: LubosHouska (CC0 Public domain)

Un gorrión anidó en mi casa. Eligió un sitio peligroso. Intervine y deshice el nido. Seguridad preventiva. Evitar incendios, intoxicaciones. Cada mañana, el gorrión se acerca hasta el lugar donde ya no hay nada. Lo veo posarse. Me pregunto si sabrá, pero no tiene sentido que yo me inquiete por él. Sólo el ser humano se duele de sus esfuerzos imposibles, de sus derrotas inexplicables. ¿Qué se va a preguntar un gorrión a sí mismo? No son necesarias las preguntas. Simplemente conmueve su instinto: Persiste, pese al esfuerzo baldío.

Días después deshice un segundo nido. Noté en mis manos la calidez de las pequeñas ramas, su aroma a tomillo y lavanda. Una de estas frías mañanas que han inaugurado la estación. Miré el amasijo vegetal en el cubo de la basura. No había huevos.

Cada jornada, el gorrión regresa y se posa dónde antes había un nido. Canta inquieto, no se rinde. Da pistas de por qué es invencible la naturaleza. A veces trae largas, finísimas ramas en el pico. En tardes de sol encuentro pequeñas hojas verdes en el patio. Pero no puedo ceder, sé que el gorrión morirá si instala aquí su nido. Y así andamos, él y yo, como dos viejos amigos, entreteniéndonos la primavera.

Refugio

The dead tree
Foto: Parham Mortazavlan (CC by-nc-nd 2.0)

Pienso en los refugiados, en la miseria, en la indiferencia, en la dictadura económica, en los Estados y sus gobiernos, en toda esa gente que cree estar viva…

Y recuerdo los versos del poeta:

“The dead tree gives no shelter”

“El árbol muerto no da cobijo”

T.S.Eliot – The waste land / La tierra baldía

Lost

Mist by Colin Knowles
Foto: Colin Knowles (CC BY-SA 2.0)

Lost

Desolate and lone
All night long on the lake
Where fog trails and mist creeps,
The whistle of a boat
Calls and cries unendingly,
Like some lost child
In tears and trouble
Hunting the harbor’s breast
And the harbor’s eyes.

Carl Sandburg. Chicago poems (1916) (Public domain)
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Perdido

Desolada y solitaria
Toda una larga noche en el lago
Donde la rana yerra y la neblina repta,
La sirena de un barco
Llama y llora sin descanso
Como una criatura perdida
En lágrimas y tristeza
Añora
El abrigo del puerto
Los ojos del puerto.

Carl Sandburg. Poemas de Chicago (1916) (La traducción al castellano es mía)

Si quieren saber más del poeta norteamericano, encontré éste poema aquí.

If you would like to know anymore about the american poet, please click on the previous link.

Estaca de Bares

Bajaba la cuesta en dirección al muelle cuando me crucé con Genucho. Venía el hombre con la expresión descompuesta, algo raro en él, pues ya había visto en su vida más sucesos extraños de los que le restaban por vivir, si es que aún esperaba contemplar alguno. Se paró al verme, un poco para tomar aire y seguir ascendiendo la cuesta, pero sobre todo para aligerarse de la congoja que cargaba en las entrañas. Iba a la Iglesia en busca del cura. Si no andaba más deprisa era porque a su edad las piernas no le respondían para correr. El asunto tenía urgencia extrema, era necesario salvar un alma, me dijo. Quise preguntarle qué había ocurrido cuando ya se despedía de mí y emprendía el camino hacia la casa del cura, situada al final de la calle, unos metros más arriba de la pequeña iglesia en la que, a esa hora de la tarde, empezaban a arremolinarse las viudas, vestidas de un negro abismal, para la misa de las ocho.

Así empieza el relato Estaca de Bares, que ha quedado finalista del I premio “Las nueve musas” de relato breve. 

Muy contento de estar ahí y muy agradecido.

Pueden leerlo completo clicando en éste enlace.

Y a los finalistas y ganadores en la revista digital “Las nueve musas”.