Leer para ver mejor

Cádiz, Castillo de San Sebastián
Cádiz, Castillo de San Sebastián / Foto: Santiago Pérez Malvido (CC BY 2.0)

“Las lecciones de los libros muchas veces hacen más cierta esperiencia de las cosas que no la tienen los mismos que las han visto, a causa de que el que lee con atención repara una y muchas veces en lo que va leyendo, y el que mira sin ella no repara en nada y, con esto, excede la lección a la vista.”

Miguel de Cervantes. Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

Ya Cervantes se hacía eco de una práctica muy común de quien viaja, a saber: leer todo lo posible sobre el destino al que se dirige y sobre el camino que lo lleva allí. El viaje es más rico en “esperiencia” al identificar con los ojos, palpar con las manos, sentir bajo los pies, lo leído en los libros antes de emprender el camino.

Incluso hay quien se lleva una biblioteca a cuestas, como hizo Jonathan Raban en su viaje en barco por la costa del Pacífico Norte.

No hay viajero que no sepa a dónde se dirige. Y la mejor manera de contarlo.

Anuncios

Ahora que sabes

Ahora que sabes
el color lunar de la piedra
y la dureza que exige
reinventar aguamarinas
te incumbe
aprender a sanar llagas
dolores secos como puños
y traicioneras sangrías
de insectos nocturnos.
Si te jactas de saber
el espacio preciso del daño
o cuándo el dolor es verdadero
dolor, no disfraz de farsante
te concierne
ahuyentar la inacabable
ignorancia de los memos
abrir surcos en el placer
y regar perseverancias.

Hasta que broten semillas
cuerpos, luces, palabras.

 

Santiago Pérez Malvido

 

Góndolas

Pintura Góndolas de Arthur Bowen Davies
Góndolas de Arthur Bowen Davies

Ir y venir, incansablemente, mientras la ciudad se hunde o precisamente por eso, porque se hunde sin remedio. Llevar y traer a los turistas, sujetar en cada pértiga la esperanza y la supervivencia, alargar la tradición de un tiempo antiguo. Hay una muesca en la regala por cada beso robado a los ojos del gondolero.

Venecia al caer el sol, los canales, el laberinto hecho agua y  palacios sumergidos, el trampantojo ilusorio de la piedra antigua, roja y gastada, o blanca, su historia escrita y las historias perdidas, la muerte siempre anunciada.

Y sin embargo su gente rema, rema una y otra vez sobre la laguna eterna. Hay góndolas que parecen sonreir cuando notan, apenas un tenue temblor, el beso de los amantes.

Cristales rotos

mar azul
Photo by Josiah Weiss

Cristales rotos

Nunca puedo reconstruir lo que he destruido;
Sacudí el polvo dorado del ala radiante de la polilla,
Reté al viento a hacer añicos los brotes blancos de las cerezas,
Hice algo terrible.

Temí que la taza pudiera caer, así que la aparté de mí:
temí que el pájaro pudiese volar, así que lo puse en libertad;
temí que el dique se pudiera romper, así que solté el río:
Ojalá me cubran sus aguas.

Aline Murray Kilmer

La traducción es mía. El que sigue es el original en inglés.

Shards

I can never remake the thing I have destroyed;
I brushed the golden dust from the moth’s bright wing,
I called down wind to shatter the cherry-blossoms,
I did a terrible thing.

I feared that the cup might fall, so I flung it from me;
I feared that the bird might fly, so I set it free;
I feared that the dam might break, so I loosed the river:
May its waters cover me.

Aline Murray Kilmer

More information about the poet on this link

Ondas

Cada poema es
una piedra lanzada al agua
en mitad de un círculo
que aún no existe,
la onda expansiva
de un peso muerto
arrojado más allá de nosotros.
Nos gusta ver
el líquido movimiento diluirse
en el silencio.

¿Por qué escribir poemas?
Porque es hermoso
jugar con las palabras,
transformarlas
en la ilusión perfecta
de las pequeñas olas,
un breve instante
hecho belleza
destinada al olvido.

Esos débiles círculos que ciñen el agua,
barro en la memoria,
son la caricia sutil que forma
el próximo poema.

Santiago Pérez Malvido