Aniversario – César Vallejo

Fotografía del poeta peruano César Vallejo
César Vallejo en una foto cuyo autor se desconoce
Aniversario

¡Cuanto catorce ha habido en la existencia!
¡Qué créditos con bruma, en una esquina!
¡Qué diamante sintético, el del casco!
¡Cuánta más dulcedumbre
a lo largo, más honda superficie:
¡cuánto catorce ha habido en tan poco uno!

¡Qué deber,
qué cortar y qué tajo,
de memoria a memoria, en la pestaña!
¡Cuánto más amarillo, más granate!
¡Cuánto catorce en un solo catorce!

Acordeón de la tarde, en una esquina,
piano de la mañana, aquella tarde;
clarín de carne,
tambor de un solo palo,
guitarra sin cuarta ¡cuánta quinta,
y cuánta reunión de amigos tontos
y qué nido de tigres el tabaco!
¡Cuánto catorce ha habido en la existencia!

¿Qué te diré ahora,
quince feliz, ajeno, quince de otros?
Nada más que no crece ya el cabello,
que han venido por las cartas,
que me brillan los seres que he parido,
que no hay nadie en mi tumba
y que me han confundido con mi llanto.

¡Cuánto catorce ha habido en la existencia!

César Vallejo. Poemas humanos.

El poeta peruano César Vallejo nació tal día como hoy en 1892 en Santiago de Chuco.

A pesar de los años transcurridos, sus poemas siguen transmitiendo la belleza cristalina de la buena poesía. Este solo es uno de ellos. Si no los conocen, les invito a buscarlos, a leerlos, a descubrirlos.

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El horizonte

On the look out by Eilif Peterssen, 1889, Bergen Kunstmuseum.
On the look out by Eilif Peterssen, 1889, Bergen Kunstmuseum.

Se parece bastante a la poesía: una línea imperceptiblemente curva que se aleja más y más de nosotros conforme nos acercamos. Parece inalcanzable, pero fíjese bien, solo lo parece.

Está aquí, eternamente presente, acompañándonos como un sueño, una expectativa, una esperanza.

Nunca se desvanece, excepto los días de niebla.

Trae buenas noticias al comenzar y acabar el día.

Nadie puede atraparlo y ahí está su grandeza, no es posesión de nadie y, al mismo tiempo, es patrimonio de todos.

¿Alguien dudaría de su belleza?

Sí, se parece mucho a la poesía.


The horizon

It seems like poetry: a subtle curved line that gets away gently from us when we try to achieve it. It seems out of reach, but pay attention, it does apparently.

It is here, everlasting present, goes with us like a dream, an expectation, a hope.

It never fades, but the foggy days.

It brings good news at the dawn, at the dusk.

Nobody can catch it, so is its greatness. It does not belong to anyone and, at the same time, is a mankind heritage.

Would anyone ever doubt about its beauty?

Yes, it certainly seems like poetry.

A Lidia

Error, mísero error, Lidia si dicen
los hombres que son justos nos mintieron,
no hay leyes que sus yugos autoricen.

¿Es justa esclavitud la que nos dieron,
justo el olvido ingrato en que nos tienen?
¡Cuánto nuestros espíritus sufrieron!

Mal sus hechos tiránicos se avienen
con las altas virtudes, que atrevidos,
en tribunas y púlpitos sostienen.

Pregonan libertad y sometidos
nuestros pobres espíritus por ellos,
no son dueños de alzar ni sus gemidos.

Pregonan caridad; y esta tristeza
en que ven nuestras almas abismadas
no mueven su piedad ni su terneza.

¡Ay Lidia! en la niñez siempre olvidadas,
en juventud por la beldad queridas
somos en la vejez muy desgraciadas.

Paréceme que miran nuestras vidas
como a plantas de inútiles follajes
que valen solo cuando están floridas.

«No han menester jardín, crezcan salvajes,
rindan como tributo su hermosura»
¿Qué más osan decir?… ¡Cuántos ultrajes!

¡Cuántos ultrajes! Lidia a la criatura
que tiene un alma pura enamorada
y un corazón tan lleno de ternura.

¿Verdad que el alma noble está enojada
de que tantas bondades como encierra
por que nazca mujer sea desdeñada?

¿Verdad que estamos, Lidia, aquí en la tierra
murmurando las hembras sordamente
contra la injusta ley que nos destierra?

No bulle la ambición en nuestra mente
de gobernar los pueblos revoltosos,
que es tan grande saber para otra gente.

Ni sentimos arranques belicosos
de disputar el lauro a los varones
en sus hechos, de guerra, victoriosos.

Lejos de la tribuna y los cañones
Y de la adusta ciencia, nuestras vidas,
gloria podemos ser de las naciones.

Pero no en la ignorancia, no oprimidas,
no por hermosas siempre contempladas
sino por buenas ¡ah! siempre queridas.

¡Oh madres de otra edad afortunadas
cuán dichosos haréis a vuestros hijos
si en la escuela mejor sois enseñadas!

No sufrirán por males tan prolijos
como aquellos que ya desde la cuna
tienen en el error los ojos fijos…

Mas, Lidia, cuando el mundo por fortuna
tras de su largo llanto y dura guerra,
esa feliz prosperidad reúna,
ya estaremos tu y yo bajo la tierra.


Badajoz, 1845

Carolina Coronado. A las poetisas. Poesías.

Si les interesa la obra de la escritora romántica Carolina Corionado pueden leer o descargar el libro completo en el que se publicó este poema en 1852 en la Biblioteca Digital Hispánica.

Fiesta de disfraces

Para un hombre que lo tiene todo —fama, dinero, poder, y las derivadas de esta triple corona— es difícil elegir un disfraz de carnaval. Para saber disfrazarse hay que saber ser otro. Al menos mientras uno se vista como otro.

Los primeros años le costó un gran esfuerzo, sólo sabía comportarse como él mismo. Y los tipos que elegía representar no se adecuaban mucho a su retrato personal: veterinario, enfermera, bombero, indio… Tampoco le agradaba ese afán de sus colegas de vestirse como grandes personajes de la historia: Julio César, Marie Curie, John Wayne, Cleopatra, George Washington…

Al ir envejeciendo descubrió que su carácter, lo que él pretendía que fuese su personalidad, ya estaba provisto de suficientes cantidades de fingimiento como para añadirle una o varias capas más. Así que empezó a sentirse más cómodo comportándose tal y como realmente era, lo que le llevó a su vez a disfrazarse con más naturalidad: banquero, peluquera, albañil, marquesa… Mientras sus colegas seguían afines a la historia: Winston Churchill, Evita Perón, Mahatma Gandhi, Marilyn Monroe…

Este año era diferente porque quería causar buena impresión. No sólo, como en años anteriores, parecer divertido y ocurrente, también quería parecer buena persona. Estuvo días pensando en el disfraz que mejor transmitiese esa imagen de ser bondadoso y atento, inteligente, generoso, comprometido.

¿El abuelito de Heidi? No, no quería parecer viejo. ¿George Bailey en la película Qué bello es vivir? No, demasiado navideño. ¿La vendedora de castañas de la plaza mayor? No, no quería parecer triste. ¿El niño que vendía periódicos? De ningún modo, iba a provocar melancolía. Y así fue descartando posibilidades. No era fácil encontrar un personaje que transmitiese esas cualidades. ¿Jesucristo, tal vez? Demasiado pretencioso.

El martes del baile de disfraces de la empresa aún seguía con la mente en blanco. Cuando llegó la hora de salir hacía el salón de fiestas —no podía faltar de ningún modo— , se resignó a vestir el mismo esmoquin que usaba por San Silvestre. De camino al baile pidió al conductor que parase en una tienda de disfraces y compró un antifaz negro con ribetes dorados.

Al llegar todos lo saludaron tan afectuosamente como en años anteriores: mucho respeto y dedicación, grandes sonrisas, brindis improvisados, cálidos besos en la mejilla y apretones de manos. Como los demás invitados a la fiesta, se sintió feliz de recibir tanto cariño y amabilidad, tanto afecto y consideración.

Soledad

Ríe y el mundo reirá contigo;
Llora y llorarás sola;
Debes aprender alegría de la vieja y melancólica tierra
a pesar de todo lo que soporta.
Canta y las colinas responderán;
Suspira y tu aliento se perderá en el aire;
Los ecos se atan a los sonidos alegres,
pero se apagan ante la voz preocupada.
Alégrate y los hombres te buscarán;
Entristécete y te darán la espalda y se irán,
Ellos quieren vuestro placer a toda costa,
pero no se sienten obligados a vuestra angustia.
Sé encantadora y muchos serán tus amigos;
Muéstrate triste y los perderás a todos.
Nadie habrá que rechace tu vino dulce,
pero deberás beber sola la hiel de la vida.
Celebra y tus salones estarán abarrotados;
Ayuna y el mundo pasará de largo.
Triunfa y da, es lo que te ayudará a vivir,
pero ningún hombre te ayudará a morir.
Hay sitio en los salones del placer
para un grandioso y distinguido tren,
pero uno a uno, todos hacemos cola
en los estrechos pasillos del dolor.

Ella Wheeler Wilcox. Poemas de pasión.
La traducción es mía.
Imagen de la puerta de la felicidad
Foto: Tim Green
Solitude

Laugh, and the world laughs with you;
Weep, and you weep alone;
For the sad old earth must borrow its mirth,
But has trouble enough of its own.
Sing, and the hills will answer;
Sigh, it is lost on the air;
The echoes bound to a joyful sound,
But shrink from voicing care.
Rejoice, and men will seek you;
Grieve, and they turn and go;
They want full measure of all your pleasure,
But they do not need your woe.
Be glad, and your friends are many;
Be sad, and you lose them all;
There are none to decline your nectar'd wine,
But alone you must drink life's gall.
Feast, and your halls are crowded;
Fast, and the world goes by.
Succeed and give, and it helps you live,
But no man can help you die.
There is room in the halls of pleasure
For a large and lordly train,
But one by one we must all file on
Through the narrow aisles of pain.

Ella Wheeler Wilcox. Poems of passion.