Etiqueta gaditana

Nunca antes había ganado un premio literario, pero este julio que recién acaba me ha traído uno de manos de la editorial Kaizen, de etiqueta gaditana. Como dije el día de la entrega del mismo, debo agradecer al jurado, los escritores Jesús Maeso de la Torre y Daniel Fopiani, que escogiera mi narración de entre los diez finalistas que concursábamos. Podría haber ganado cualquiera de ellos.

El relato que presenté al concurso gira en torno al robo de un cuadro de Whistler de la Tate Gallery de Londres. Es un juego de tramas cruzadas cuyo tema no es precisamente el robo, aunque este funcione como motor de la narración. Es un relato sobre la autenticidad y su contrario, la falsedad, y sobre cómo las apariencias son engañosas siempre.

Me encantó escribirlo, entre otras razones porque forma parte de un proyecto más amplio en el que estoy trabajando desde hace meses —al ritmo habitual con el que escribo, el de la tortuga de Zenón, es decir, imposible de justificar— : un libro de relatos cortos cuyo titulo podría ser “La casa de Yañez”, dedicado a mi padre, que en paz descanse.

Nostalgias aparte, creo que es justo informar que los relatos finalistas han sido publicados por Kaizen en un volúmen titulado “Niebla en la orilla” y que pueden adquirir en su sitio web.

Imagen de los escritores finalistas del I Certamen de relatos Kaizen
El escritor Daniel Fopiani (primero por la izquierda) con los escritores finalistas. Foto©: Javier Fornell/Kaizen

Se da la circunstancia de que unos días antes de conocerse el fallo tuve la oportunidad de trabajar en la Feria del Libro de Cádiz vendiendo libros en el estand de la Asociación de Editores de Andalucía.

Esta asociación agrupa a pequeñas editoriales andaluzas. Una de las más destacadas es quizá Renacimiento, creada por Abelardo Linares, aunque también hay otras destacadas como Alfar y sellos menos conocidos como Barret, por citar uno más de entre otros muchos cuyo trabajo y dedicación bien merece el apoyo de las lectoras y lectores, que somos pocos aunque valientes.

Kaizen, la organizadora del premio del que escribo ahora es una de estas pequeñas editoriales. Desconozco si pertenece a la asociación, pero da igual, es una editorial chiquita que, como otras que hay en la provincia (Cazador de ratas, Canto y Cuento, Mayi o Cerbero son las que, a bote pronto, se me ocurren) merecen el apoyo de la tribu lectora. A mí, desde luego, me alegra que en Cádiz haya editoriales de Cádiz, y no es por nacionalismo provinciano sino por autoconfianza y amor propio colectivo. Que duren muchos años será buena señal.

Decía Gabriel García Márquez que escribía para que le quisieran. Algo de eso hay en quienes nos dedicamos a esta actividad solitaria y paranóica. Lo digo porque uno de los mejores ratos que he pasado últimamente fue en el club de jazz Riverside de Barbate donde se entregó el premio.

Y fue por la posibilidad de conocer a gente nueva. Compartir la compañía de otras personas que, con su indudable singularidad literaria y personal, lee y escribe como tú es una sensación reconfortante que espero tener la ocasión de repetir alguna vez. Y no me importará haber ganado o no un premio.

Belleza desconocida

Imagen de una obra de arte de la que se descponoce el título y la autora
Sin título. Autora desconocida.

Sin título. Autora desconocida. El resol apenas entrevisto. No hay fechas ni referencias. Solo una mirada. Y el rastro de las acuarelas. ¿Quién vive en este refugio? La propia autora, ¿o es un hombre?. ¿Existe en realidad este lugar? Sí, aunque sólo fuera un espacio amado por la mente que lo creó. Primero el pensamiento, luego los pinceles. Y con el tiempo, el olvido.
Tanta belleza se esconde en el sótano de un museo.
El amarradero, justo entre la marisma y ante el cabo, oculta en su sombra pequeños barcos grises de velas arriadas. Hacia el horizonte, una goleta se cruza en el color rumbo al Oriente. Geografia real enfrentando al viento y las olas. La perseverante erosión de la naturaleza. No hay humo en la chimenea, ha de ser verano.
Nunca sabremos quién levantó la mirada hacia las nubes de tormenta. Tras la pequeña casa, sobre la colina, en el cabo. Hasta allí y alrededor mira la pintora desconocida. Donde la escena no necesita título.

Jardines bifurcados

Quiero presentarles mi nuevo sitio web: Primer borrador.

Explico en mi nuevo sitio (me autocopio aquí) que “Primer borrador es ante todo un proyecto personal en el que escribo sobre arte y cultura y muestro parte de mi trabajo como periodista.

El título hace alusión a una frase harto conocida que se atribuye al editor del Washington Post Philip Graham, quien la usó a menudo en sus intervenciones. Sin embargo, parece ser que fue el periodista norteamericano Alan Barth quien la escribió por primera vez en 1943: «las noticias son solo el primer borrador de la historia».

Mi propósito es que esta nueva publicación sea honesta, aunque incompleta y corregible, por eso elegí ese título —por no citar la razón más prosaica, que todos los nombres de dominio que me gustaban ya estaban ocupados. Y para nada pretendo hacer el trabajo de los historiadores. Ya nos gustaría a los periodistas.

Comparto la idea de que el periodismo escrito es un género para personas a las que les gusta leer, así que trataré de cuidar los textos para que sean de su agrado. El enfoque intentará cumplir con la definición que el periodista Martín Caparrós hizo de la crónica: «un texto periodístico que se ocupa de lo que no es noticia».”

Por supuesto, también seguiré escribiendo aquí textos literarios, como hasta ahora. Hay un grupo de lectores que suele seguir lo que escribo. Imagino que no lo hacen a desgana, de lo contrario no pisarían este jardín. De modo que, por respeto hacia ustedes que me leen, y por respeto a mi afición a escribir con los pies un tanto alejados de tierra firme, seguiré publicando aquí traducciones de poesía, relatos diminutos y desvaríos varios. No obstante, les invito desde ya a echar un vistazo a mi nuevo sitio por si también pudiera interesarles.

Saludos.

Color volátil

Lee un poema escrito hace diez años. La gente escucha atenta. Mira. Se pregunta qué significado tendrán esas palabras. Una versión del tópico de la rana y el agua caliente. Pero sin rana. Son peces. Peces que nadan. En una pecera. Un joven sentado en la primera fila observa, con gesto concentrado, cómo los labios, rojos como los peces, se mueven formulando la lúbrica imagen de un beso. El beso de una poeta desconocida. Una poeta que lee unos versos ahora mismo. Peces que se ahogan al salir. Siguen el consejo de modernos vendedores de crecepelo y salen de lo que llaman “zona de confort”. El pez muere y el poema se acaba.

Image of jelly fish
Picture: Magda Ehlers

La poeta no recuerda cuándo lo escribió ni por qué. Tampoco mira ya al joven de la primera fila. Algunos aplausos. Silencio expectante. Los publicistas han usurpado la palabra poética. Y hay poetas con alma de publicistas. Cómplices. Ha de escribir sobre ello. Alguien le pide que lea de nuevo los mismos versos. Porque era un poema muy breve. Intenso y abrumador. No dió tiempo de atraparlo. Huyeron las palabras, desvanecidas en el aire, como el humo de un fósforo al apagarse. El que oye ha intuido algo y desea confirmarlo. La poeta accede y lo recita de nuevo. Decepción del oyente. El deslumbramiento anterior no se repite. Los peces rojos ahora son medusas azules. Se confirma la magia: ¿Quién sabe el sendero de un verso?

Árboles de invierno

Painting by
Painting: Geo Poggenbeek. Rijksmuseum.

Han completado ya
hasta el mínimo detalle
que los desnuda y viste.
Una luna líquida
se mece suavemente
entre largas ramas.
Protegido cada brote
de la certeza del invierno
el árbol sabio resiste
en el frío
soñando.

William Carlos Williams. Uvas amargas: Un libro de poemas (1921)
La traducción es mía.


All the complicated details
of the attiring and
the disattiring are completed!
A liquid moon
moves gently among
the long branches.
Thus having prepared their buds
against a sure winter
the wise trees
stand sleeping in the cold.

William Carlos Williams. Sour Grapes: A Book of Poems (1921)
Translation to spanish is mine.