Escribir o callarse

¿Por qué escribe usted? es una pegunta habitual que el periodista -si no todos, casi todos- hace al autor cuando tiene ocasión de entrevistarle y que el escritor intenta esquivar como buenamente puede. Preguntarle lo mismo, pero al revés, es decir, una especie de ¿por qué no se calla usted?, sería como mínimo, una descortesía, por no decir grosería. La segunda pregunta es una ocasión pintiparada para lucirse en la respuesta, pero como digo, nunca se hace por buena educación.

Imagen del libro Bartleby y compañíaEl escritor Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es posiblemente el autor español que más se ha documentado sobre esta cuestión. El resultado de este trabajo y sus reflexiones subsiguientes, dieron lugar a un libro esencial, Bartleby y compañía, publicado por Anagrama hace diez años. El libro no será esencial para quienes no hacen de la escritura una manera de vivir, pero es igualmente recomendable porque la recopilación de los escritores que un día optaron por un silencio de años, incluso hasta su muerte, tras haber escrito una o dos obras, sus variantes (Pynchon nunca se ha callado, pero nunca se ha expuesto a la luz pública) y las indagaciones sobre las posibles causas de esta negación son una lectura muy entretenida.

¿Una lectura muy entretenida? ¿Es el objetivo de la literatura entretener? ¿Para qué escribo? -se preguntará cualquier autor, ¿para enretener?. La obra de Vila-Matas, ayudará al lector interesado a reflexionar sobre la materia. Sólo a partir de la negación de la escritura se puede optar por escribir o por callarse (y dedicarse sólo a leer) y las dos fórmulas serían igualmente válidas.

“Escribir -decia Marguerite Duras– también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido”, relata el narrador de Bartleby, que no es el autor, sino un trasunto del mismo, el oficinista Marcelo. Este punto de vista confiere a toda la obra una pátina de ficción que sirve para construir una narración casi mágica, puesto que, aunque trata de seres y casos en su mayoría reales, su rareza y originalidad los convierte en personajes literarios, un catálogo de bartlebys en busca de autor. Sin embargo, “la parte ficcional es más bien mínima y convive, entre otras, con la ensayística y documental” explicó Vila-Matas en la conferencia Un tapiz que se dispara en muchas direcciones, publicaba cuatro años después por Alfaguara en Desde la ciudad nerviosa.

Imagen del escritor Enrique Vila-MatasMi teoría es que detrás de tantos ejemplos de negación de la escritura se intuye una defensa numantina de la escritura, en particular de la literatura. Lo confirmaría una frase que el autor deja escrita en un remoto punto interior de la obra: “La literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia”.

Mi consejo: leanla.

En la fotografía, tomada del sitio web de Vila Matas, aparece el escritor en la tumba de Herman Melville, autor del relato Bartleby, el escribiente, en el cementerio  del Bronx en Nueva York.

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