Quejas de los lectores

En cierta ocasión un periodista interrogó al escritor William Faulkner acerca de las quejas de sus lectores. Estos lamentaban tener que leer dos y hasta tres veces sus textos para entenderlos y el entrevistador le preguntó qué les aconsejaría. El premio Nobel contestó: “que los lean cuatro veces”.

Una afirmación así, más de medio siglo después de pronunciarse, probablemente provocaría que el hashtag #Faulknerfacts terminara siendo trending topic en twitter.

Pero a pesar de la crítica que suscitaría -aunque ha pasado mucho tiempo la respuesta se antoja un tanto chulesca-, la afirmación de Faulkner nos muestra una defensa numantina de un tipo de creación literaria sin la cual no habrían existido obras como “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust o “Ulysses” de James Joyce, por citar dos ejemplos paradigmáticos de lecturas “difíciles”.

La verdad es que desconozco si ese debate existe todavía o es una discusión que los editores dejaron atrás hace años obligados por la disyuntiva de hacer rentables las editoriales o cerrarlas.

El público decide en función de su educación y de sus gustos, por lo que siempre encontrará una satisfacción en la lectura.
Y por su parte, el escritor opta entre ser un profesional o un artista. En el primer caso terminará harto de su empleo y en el segundo apreciará el placer de la escritura. O, ¿quien sabe?, del silencio.

La fotografías es de malias/flickr.

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3 comentarios en “Quejas de los lectores

    • Es una opción, pero es un camino directo a la melancolía. De hecho, Bartleby, el escribiente del relato de Melville, creo que murió de ese mal, si no recuerdo mal. Supongo que por eso muchos escritores escriben, o al menos eso dicen ellos, por necesidad vital.
      Paul Auster incluso afirma que es una necesidad fisiológica, que necesita sentir los trazos que va marcando su lapiz sobre el papel. El asunto tiene raíces hondas y me atrevería a decir que desde hace siglos.
      Si te interesa el silencio, la obra de Vila-Matas es incisiva y está muy bien documentada. El autor recibió durante varios años decenas de cartas de lectores sugiriéndole ejemplos de silencios literarios, los voluntarios y los obligados. Salud.

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