Una canción para después de una guerra

A saber qué pensaría el poeta francés Jacques Prévert, nacido en febrero de 1900, al despuntar el siglo XX, y el músico de origen húngaro Joseph Kosma, si hubieran conocido la trayectoria de Les feuilles mortes, Autumn leaves, la canción cuya letra y música compusieron en 1945.

Aquel fue el año en el que se rindió la Alemania nazi y en el que Francia, junto al resto de Europa, comenzó un largo periodo de recuperación para restañar las heridas que dejó la guerra.

Esos primeros años tuvieron que vivirse como la resaca de la barbarie, trastocados por una permanente tristeza a causa de la pérdida de tantas vidas humanas, de tantos seres queridos.

En ese gran vacío nació esta canción, que ha sido versionada casi 400 veces por artistas de todos los estilos. Grandes músicos de Estados Unidos la han convertido en un standard de la historia del jazz que no falta en los recitales del género.

La música tiene la textura de una gran cicatriz, una herida cerrada pero siempre visible, un rastro permanente del dolor. Ya el título, Las hojas muertas, es sencilla melancolía y, a pesar de todo, también trasmite un cierto sentimiento de paz.

La letra de Prévert (que he traducido de esta web) dice así:

Ojalá recuerdes,
aquellos días felices en los que fuimos amigos,
entonces la vida era más hermosa,
y el sol más brillante que hoy.
Las hojas muertas se unían en el rastrillo,
ya ves, no he olvidado…
Las hojas muertas se unían en el rastrillo,
como lo hacen los recuerdos y los deseos incumplidos,
y el viento del norte las arrastraba
hasta el vacío de la noche helada.
Ya ves, no he olvidado,
la canción que te gustaba cantarme.

Esta canción se parece a nosotros.
Tú, tú me amaste y yo te amé.
Y vivimos juntos,
tú que me amaste, yo que te amé.
Pero la vida separa a aquellos que se aman,
con cuidado, sin hacer ruido
y el mar borra de la arena
las pisadas de los amantes que se separan.

Las hojas muertas se unían en el rastrillo,
como lo hacen los recuerdos y los deseos incumplidos,
pero mi amor, silencioso y leal,
siempre sonríe y da gracias a la vida.
Te amé tanto, eras tan bella.
¿Cómo quieres que te olvide?
Entonces la vida era más hermosa,
y el sol más brillante que hoy,
fuiste mi más querida compañera,
pero sólo construí deseos incumplidos
y la canción que solías cantarme
siempre volverá, siempre…

Si les apetece escucharla, esta maravillosa versión instrumental está interpretada por John Coltrane . (El vídeo ha sido retirado de youtube, pero les propongo como alternativa este otro con la versión de Yves Montand)

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