Un Papa birmano

La revista Anfibia y la editorial Tusquets han organizado un concurso de minicrónicas de no ficción acerca de la elección del nuevo Papa de Roma. Pueden consultar las bases para participar aquí.

Básicamente se trata de contar qué hacías en el momento en el que se eligió al nuevo pontífice.

Me he animado a presentar una mini crónica que he titulado Un Papa birmano. La reproduzco a continuación. Espero que les guste.

“Ya sale humo blanco de la chimenea del Vaticano. Hay cinco mil periodistas acreditados dispuestos a informar del nombre del nuevo Papa. En unos breves segundos, cinco mil noticias iguales serán difundidas casi de forma simultánea por todos los rincones del planeta con un contenido muy simple: un nombre, dos apellidos, un país y un sobrenombre numerado.

Durante esos minutos de atención mundial en los que se sabe que ya hay Papa pero se desconoce su nombre, el navegador del blog me indica que alguien en algún lugar desconocido ha consultado lo que escribí en 2008 acerca del periodista japonés Kenji Nagai. Releo ese texto, un homenaje a su valor. Un año antes, Nagai fue asesinado por un soldado en Birmania. Un compañero fotografió la secuencia de su muerte: el periodista caído en el suelo sobre su espalda sosteniendo la máquina fotográfica en alto, un soldado apuntándole con su fusil, los disparos, la caída de brazos, el cuerpo inmóvil del reportero, el soldado que sigue su camino indiferente en pos de una multitud de personas que huye. Nagai era uno de los pocos -ni siquiera cien, mucho menos mil, cinco mil ni te cuento-, periodistas que se atrevieron a informar de las revueltas de los monjes budistas de aquel país asiático, unos religiosos que se echaron a la calle junto a sus vecinos para protestar por la subida de los precios de los combustibles y de los transportes y de paso, pedir un poco mas de libertad. Cuestión de valor, y de dignidad.

Desisto de intentar encontrar cualquier relación a ésta vieja noticia con la nueva noticia sobre la elección del pontífice. Cuestión de azar, pienso.

Dejo el ordenador y me voy a la cocina a preparar la cena de los niños con la iconoclasta y divertida sospecha de que estaría bien que hubieran elegido a un Papa birmano. Enciendo la radio y pongo la sartén al fuego. Escucho una de las cinco mil noticias -en realidad una sóla noticia repetida cinco mil veces- que se están difundiendo en ese momento por todos los medios de comunicación del mundo. Por primera vez en mi vida me entero de quién es Jorge Mario Bergoglio. Pongo los filetes al fuego con cierta decepción -que ya me esperaba de todos modos- puesto que no es birmano. Hasta cierto punto hace mucho tiempo que a mucha gente le resulta indoferente quién elija como Papa la Iglesia Católica. Ya no esperan, en realidad nunca se lo creyeron, que haya sacerdotes católicos protestando en las calles, más allá de los púlpitos, pidiendo un poco más de pan o de libertad. Cuestión de fe.”

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