El territorio cotidiano de la intimidad

Nunca he estado en París y, sin embargo, tengo tantos recuerdos de la ciudad que a veces pienso que soy un replicante al que han insertado infinidad de imágenes y sonidos de sus calles y bulevares. Un replicante en lista de espera para ser reintroducido allí, merced a algún suceso extraordinario que sacuda mi vida corriente y la cambie para siempre contra mi voluntad.

París es todo imágenes en mi cabeza, como si cualquier Tyrell Corporation de tres al cuarto me hubiera inoculado en el cerebro los recuerdos de alguno de tantos pintores que vivieron en algún momento en sus buhardillas, Diego Rivera, por ejemplo, o Amadeo Modigliani, o Pablo Picasso.

Imagen de la pintura Ferrocarril sobre Montparnasse de Diego Rivera
Ferrocarril sobre Montparnasse de Diego Rivera

Pero no se crean nada, todo es mentira, juegos mentales para pasar el rato, un atisbo de reencarnación si quieren, pero nada más, porque los replicantes, en la ficción, son ilegales en la tierra, y en nuestras ciudades, en París menos aún, no hay seres ilegales, como todos sabemos.

Además, sería muy presuntuoso por mi parte pretender ser un clon de Diego Rivera, de Amadeo Modigliani o de Pablo Picasso, aunque fuera un clon plastificado con fecha de caducidad. Habría visto cosas imposibles de imaginar, como las vieron estos grandes artistas y las reflejaron en sus obras para nuestro asombro y admiración. Con ellas construyeron también el París mítico al que soñamos regresar de algún modo, aunque eso ya no sea posible.

El problema de las ciudades imaginadas es comprobar su falsa verdad, descubrir como quien acaba de ser estafado, que todo lo imaginado no es mas que oropel y mercancía kitsh para turistas de ocasión, esa sensación de estar en un escenario de cartón piedra cuando uno pasea por estos sitios que un día fueron el lugar de la primera vez.

El reverso de este descubrimiento lo intuimos más que lo sabemos: hay una ciudad soñada y unas calles imaginarias, en París o en cualquier otro lugar, en la mente de hombres y mujeres del futuro, y nosotros, en este momento presente, podemos vivirlas y sentirlas como nuestras, sólo hay que saber descubrir donde están y, si nos sentimos capaces de ello, aportar nuestro granito de arte para convertirlas en espacios mitológicos.

Mientras tanto no serán nada, acaso el territorio cotidiano de la intimidad.

Anuncios

Comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s