El árbol de los sueños vanos

En su descenso a los infiernos, Eneas, fundador de Roma, encuentra en las puertas del averno todos los males que acosan al ser humano en vida y, en medio de todos ellos, el árbol de los sueños vanos. Virgilio lo describe así:

“A la entrada del Orco, en el vestíbulo,
asientan su cubil los vengadores
Remordimientos, el Dolor, las pálidas
Enfermedades, la Vejez Doliente,
el Miedo, el Hambre que aconseja crímenes,
la Miseria deforme, y, espantables,
el Trabajo y la Muerte, con su hermano,
el Sueño, y las culpables Complacencias
del corazón impuro. Al frente habitan
la mortífera Guerra, las Euménides
en sus lechos de hierro, y la Discordia
ciñendo insana las vipéreas crines
con sanguinosas vendas. Surge al medio
ingente un olmo añoso de anchas ramas,
sombrío asiento de los sueños vanos
que al dorso de sus hojas se acurrucan.”

La Eneida. Virgilio.

Nunca he dejado de preguntarme por qué en tantos textos clásicos el paso previo a conseguir los objetivos marcados es un paseíto por el infierno. Así a bote pronto se me ocurren los casos de Odiseo y de Don Quijote. Orfeo también debe bajar al infierno para intentar recuperar a Eurídice. Dante.
En la tradición cristiana hay una idea parecida tanto en la parábola de los odres nuevos para el vino nuevo como el hecho de la muerte y resurrección de Jesucristo.

Imagen de Eneas
Eneas y el Tíber, de Bartolomeo Pinelli.

Es decir, la idea de sufrimiento -el descenso a los infiernos, tanto si es real como metafórico, no ha de ser agradable- como paso previo al éxito de un empeño, no es exclusiva de la tradición religiosa cristiana, es una idea que existe en varias culturas.

Virgilio, al citar el árbol de los sueños vanos, incluye entre nuestros males comunes una alegoría sobre la futilidad de cualquier “sueño” humano, de cualquier aspiración extraordinaria, lo cual, por otra parte, no significa que no se pueda perseguir y conseguir.

Inevitablemente, todo este batiburrillo de ideas me recuerda el famoso poema de Kavafis y, comparando ambos conceptos (la persecución -¿a qué precio? de un objetivo en el futuro por un lado, la vida de cada día como objetivo en sí mismo), el del poeta de Alejandría me parece un proyecto más pacífico y lúdico que cualquiera descrito por las tradiciones antiguas.

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4 comentarios en “El árbol de los sueños vanos

  1. Es que se nos olvida que los marineros, miraban las estrellas para tener un guía y no porque quisieran alcanzarlas. O como dijo alguien: “morir por las ideas no es una buena idea”… pero una cosa es hablar… de algún modo tu entrada está conectada a la última de Patricia en el té con Draupadi, si me permites la publicidad oculta.

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