El punto de inflexión de Marta Gellhorn

Un sentimiento de frustración debería conducir a una reacción de rebelión. Después de ver el largometraje Hemingway & Gellhorn y no entiendo otra posible enseñanza de ésta película que deja en el lugar de siempre a Papa Hem y en un lugar señalado a la escritora y periodista Marta Gellhorn.

Las mujeres de hoy en día pensarán que Ernest era un cabrón machista y, aunque tienen razón, serán injustas con él. ¿Quién no era un machista cabrón en los años treinta? Lo extraordinario, sin embargo, era que una mujer se rebelase contra su situación personal en un entorno así -de aquí la frase con la que empiezo éste post-, y Marta Gellhorn tuvo el coraje y la valentía de hacerlo y demostrar su valía como escritora y corresponsal de guerra.

Gellhorn_Hemingway_1941
Marta Gellhorn y Ernest Hemingway en 1941 en China.

Foto: John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston. Dominio Público. Fuente: Wikipedia.

La película corre al hilo de una entrevista que hacen a la escritora en su vejez, cuando Hemingway lleva treinta años muerto y, en esa última pregunta que algunos periodistas reservan para el final -a ver si cae la breva sin que le caiga encima todo el odio del entrevistado-, le piden que hable de su “deuda”con Hemingway. Ella escurre el bulto pero, cuando los periodistas se han ido, el director nos retrotrae a una escena en un hotel de Madrid -nos enseña un recuerdo de la Gellhorn-, en la que se ve a la escritora a las puertas de la habitación de Hemingway, éste escribiendo como un poseso, de pie, sobre un chiffonier lleno de cal a causa de los bombardeos. En ese momento, ella le dice que se siente bloqueada para escribir porque lo que ella ve, el desastre cotidiano de la guerra, no le interesará a nadie, pensando que los lectores están a la espera de las grandes batallas, de la gloria o de los hechos más sensacionalistas. Hemingway la escucha, deja de escribir y berrea como un oso pardo algo más o menos así “¿Cuándo empezarás a defender todo aquello en lo que realmente crees?”. Tras lo cual pasa soberanamente de ella y sigue tecleando su máqina de escribir como si la vida le fuera en ello y la cinta mecanográfica fuera a acabarse en la siguiente escena.

Y la Gellhorn empezó a escribir para no parar ya nunca más.

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6 comentarios en “El punto de inflexión de Marta Gellhorn

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