El valor de los clásicos

La lectura de los clásicos tiene mucha miga, es un pan con un sabor siempre por descubrir. En estos tiempos tan ávidos de novedades, a veces las verdaderas sorpresas están donde siempre estuvieron. Ya comenté hace algunos días sobre las opiniones de Horacio acerca del consumo de vino.

Ahora me cae una epístola sátira dedicada al adulterio que me deja con la mandíbula colgando. En la antigua Roma si un hombre era pillado en la cama con la mujer de otro, el marido agraviado por el adulterio podía matarlo sin más preámbulo o juicio de por medio. Si no deseaba infligir una medida tan drástica, tenía derecho a azotarlo, a cortarle el pene o a rebanarle los testículos, a voluntad.

Imagen de un fresco erótico de la ciudad de Pompeya
Un fresco erótico descubierto en la ciudad de Pompeya

Ahora bien, si el adúltero pagaba una suma de dinero acordada con el marido agraviado, quedaba saldada la deuda. En conclusión, el hombre rico tenía más papeletas de convertirse en adúltero que el hombre pobre, candidato perfecto para convertirse en eunuco si lo pillaban. Quien tenía dinero podía pagarse sus aventuras sin mayor riesgo, salvo para su bolsillo.

Horacio, incluido en la nómina de los poetas clásicos de Roma junto a Virgilio y Lucrecio, hace gala de su civilizada condición de ciudadano romano y se pregunta:

¿Cuando se te hinchan las ingles, si tuvieras a mano esclava o esclavo doméstico en el que descargar tu ataque, ¿preferirías reventar de empinamiento? Yo no: amo la Venus asequible y fácil”.

Aporta éste, entre otros argumentos para rechazar el adulterio, porque si te pillan…

Hay que huir con la túnica sin abrochar, el pie desnudo, para que no fenezca mi dinero, mi culo o, en fin, mi fama”.

Me tienta esa máxima a Astérix y Obélix que dicen que “están locos estos romanos”, pero ya tengo edad para recordar que cuando era niño, en España el adulterio era un delito por el que te podían caer hasta seis años de cárcel.

Valga todo esto no para hacer apología del adulterio sino, como decía al principio, para recordar el valor de la lectura de los clásicos, siempre tan sorprendentes.

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18 comentarios en “El valor de los clásicos

  1. “El que tiene más saliva traga más pinole” es un dicho mejicano que me enseñó la mujer de mi vida. Por supuesto nadie inventa nada y mucho menos a estas alturas. No sé si reír por las reflexiones de Horacio o cabrearme por un inmutable estatus quo.

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  2. Curiosa forma tenían de resolver el “conflicto”. Ahora es similar, salvo que después llega el juicio.
    Hay una cosa que los clásicos no pueden enseñarnos: los ricos nunca pierden.

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    • Desde luego, Eduardo, sobre todo en lo concerniente a la literatura. Porque, ¿quién tendria hoy en el salón de su casa un fresco representando un cunnilingus como el que ilustra esta entrada? Me da que sería más propio de un traficante de armas que de un noble senador. Aunque vete tú a saber a que se dedicaba el pompeyano cuya casa adornaba. 🙂

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  3. Muy interesante aportación, querido, aunque me debes el post relativo a la imagen de Pompeya, qué maravilla! En efecto, los clásicos siempre aportan ángulos novedosos al eterno problema humano…

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