Libros prestados y perdidos

Me encanta prestar libros, pero me disgusta que no me los devuelvan. Y me disgusta más aún cuando son libros raros y, conforme pasa el tiempo, incluso inencontrables.

Tengo una espina clavada desde hace años con el primer libro de poesía que publicó el cantante Joaquín Sabina. Era un librito de color entre verde y amarillo fosforescente editado por una institución pública de Granada. Hace tanto tiempo que ya no recuerdo el título. Eran los primeros años de reconocimiento popular de Sabina como cantautor, en los ochenta, y el libro estaba compuesto por canciones de sus primeros discos, menos conocidas que aquellos primeros éxitos que sonaban por la radio. Y algunos poemas-poemas sueltos.

Entre aquellas primeras canciones estaba ésta, titulada Gulliver, una curiosa interpretación de la historia inventada por Jonathan Swift.

Un día
los enanos se rebelarán
contra Gulliver.

Todos los hombres de corazón diminuto
armados con palos y con hoces
asaltarán al único gigante
con sus pequeños rencores, con su bilis,
con su rabia de enanos afeitados y miopes.

Pobre de tí, Gulliver, pobre de tí,
el día que todos los enanos
unan sus herramientas y su odio,
sus costumbres, sus vicios, sus carteras,
sus horarios… no podrán, no podrán,
no podrán perdonarte que seas alto.

Para ellos la generosidad no es más que un lujo que no pueden pagarse,
viven alimentados por la envidia que los habita en forma de costumbre,
míralos revolverse recelosos tras sus gafas de concha,
te acusarán, te acusarán, te acusarán:

De ser el tuerto en el país de los ciegos,
de ser quien habla en el país de los mudos,
de ser el loco en el país de los cuerdos,
de andar en el país de los cansados,
de ser sabio en el país de los necios,
de ser malo en el país de los buenos,
de divertirte en el país de los serios,
de estar libre en el país de los presos,
de estar vivo en el país de los enanos,
de ser la voz que clama en el desierto,
de ser la voz que clama en el desierto.

Joaquín Sabina

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19 comentarios en “Libros prestados y perdidos

  1. Yo no suelo prestar pero a veces me gana la emoción y los presto. Me duele mucho recordar un libro de Cornell Woolrich, un escritor al que me une una historia entrañable: lo presté a un amigo muy cercano entonces. Luego nos apartamos y se quedó con mi libro, grrrrr.
    Buenísima la letra de Sabina. No la conocía, gracias por compartirla…

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  2. Justo yo escribí una entrada al respecto ,hay un dicho que dice: “Tonto el que presta un libro y mas tonto el que lo regresa” yo no comparto esa idea,bueno ,al menos en lo que a mi respecta,sí alguien tiene la amabilidad de prestarme un libro yo correspondo devolviéndolo, una abrazo por aquellos tesoros que se fueron extraviando en el camino.

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  3. Un día, presté a un amigo un cómic de Calpurnio que además tenía dedicado. El dibujante nos había hecho una caricatura preciosa a Albert y a mí. Lo vendió. Así, como lo cuento. Cuando necesitaba dinero, el amigo en cuestión vendía los cómics y libros que tenía en casa, con la mala suerte que entre los cómics vendidos estaba el mío (nuestro). Me quedé sin cómic y sin amigo. . Decidí no prestar libros nunca más…

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