Munro y los otros

La concesión del premio Nobel a Alice Munro llevará a muchas personas a leer la obra de la escritora canadiense, sus editoriales venderán miles de libros y ella lo verá todo desde la sabia distancia que dan sus ochenta y pico años, ya retirada del propósito de escribir. Y todo ese aleteo excitado sobre su obra le importará un bledo, querida. (Oído a mi amigo J. dirigiéndose a una elegante señora como si fuera Clark Gable).

No voy a valorar si es un premio justo o no. No hay premios justos, y si no, que se lo digan a quienes los merecieron y nunca los recibieron. Si me tengo que ceñir a mis gustos personales, bastante limitados por la capacidad de lectura que tiene cualquier lector medio como es mi caso, me gustaría que se lo dieran al triestino Claudio Magris. Y también me sumaría a la decepción de todos aquellos que piensan que lo tiene sobradamente merecido Nicanor Parra, por ejemplo, o José Emilio Pacheco, que también.

Las tiendas de libros virtuales ya compensan el aumento de las ventas con pequeños descuentos. En ésta, los libros de la Munro ya tienen el precio un 5% más barato.

Imagen de  un anuncio sobre Alice Munro

Pensamiento lateral: El otro día comentaba en twitter ese afán de (casi) todo autor  por hacerse un hueco en la historia de las letras. Lo hacía parafraseando la famosa canción de Celia Cruz: no hay posteridad pa’ tanta gente. Fue precisamente ese convencimiento en el que transmitieron -o así lo ví yo al menos- los personajes de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Y ese, llamémosle falta de compromiso con el futuro propio, fue lo que en su día me hizo sentirme más libre que nunca para ponerme a escribir.

Detectando recuerdos con la nariz: Los barcos de pesca tienen un aroma peculiar por dentro, mezcla de  gasoil, pescado seco, algo indefinible que se pudre y olor a humanidad. Nunca me gané la vida en la mar, lo hicieron otros por mí, pero tengo ese aroma tan metido en mi nariz desde que era niño que hasta cuando lo imagino lo huelo.

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11 comentarios en “Munro y los otros

  1. No he leído a Alice Munro, y no sabía que era tan mayor y que ya estaba retirada de escribir, pero si sus escritos son buenos, merece el premio, lástima que le premio no llegue a edades más temparanas, como le ocurrió a Orhan Pamuk, un escritor que me gusta bastante (y antes del premio). De la existencia de Alice Munro supe hace unos años al ver una película con una historia muy extraña basada en unos de sus relatos. Tengo casi un año por delante en que no podré leer literatura, aunque no dejaré de leer) porque no habrá tiempo literal para ello, pero espero al acabar poder ponerme a leer alguno de us cuentos…, o quien sabe, antes. sus libros parece que tienen descuento en estos días.

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    • Sólo he leído un par de cuentos de ella, no me parece suficiente como para juzgarla. Me gustaron por su sencillez, por su apego a la realidad (que en Canadá, por lo que me han contado quienes han estado allí, puede ser un tanto fantasmagórica), porque hace interesante los sucesos más ordinarios.

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  2. Tu pensamiento lateral da para una charla de café. O será que yo ando de ánimos de charlas de café, últimamente. En todo caso, es todo un tema eso de la posteridad, el hueco, los sueños de trascender, la falta de compromiso con el futuro propio (que nunca es del todo propio cuando se tiene un hijo, como en el caso de Bolaño), etc. ¿Hasta qué punto el egoísmo es un acto de generosidad y viceversa? No me hagas caso, estoy en uno de esos días; meses. Un abrazo.

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    • Al hablar de falta de compromiso con el futuro propio me limitaba sólo a cualquier pretensión literaria que vaya más allá de escribir y publicar. Los hijos son un compromiso marcado a fuego. De todos modos, sí que es un asunto para una larga conversación que no dudo sería muy interesante. Salud, Maia.

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  3. De la Murno leí cuentos sueltos cuando viví en New York y se iba a Canadá con alguna frecuencia. Recuerdo una lectura agradable pero si me pides que te cite alguno, sería incapaz. Respecto a liberarse de obsesiones de trascendencia, hablas del acto creativo hecho por/para uno, me imagino. Yo siempre viví de la música. Incluso ahora que trabajo para instituciones, mi actividad es siempre esa, entonces ha habido recibos que pagar, cuentas que cuadrar, etcétera. El espacio para mis proyectos personales era otro y a ese por supuesto se le dedicaba la entrega y el placer que se le dedica a las propias cosas, viviendo ese momento (el acto creativo) como el único momento posible. Uno no puede ocuparse de edición y publicación. Es trabajo de otros, desgasta a quien crea. No sé por donde voy (ando muy espeso últimamente) pero seguro que tú sí, tan listo que eres. Saludos.

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