Con los huesos por los suelos

Tumbado boca arriba en una azotea J. mira más allá del suelo que pisa. Aquí ve una nube con forma de bandoneón. Allá otra que parece la boca abierta de un animal tragando cielo con glotonería. Así un niño ve pasar las nubes a toda velocidad desde la ventanilla de un tren.

J. dice que un dolor se le ha instalado detrás de las costillas, un dolor frío que se acomoda en los pulmones y se queda ahí cada año más o menos por estas fechas. El cuerpo se autodefiende de la mente y no siente el dolor físico cuando lo recuerda. Se siente algo parecido en el pecho cuando echamos de menos a alguien que se ha ido, congoja, una forma atenuada del dolor pero ¿hay autodefensa aquí? La propia voluntad.

En la radio suena Juan Perro:

Cuando des con tus huesos en el suelo
Y la cuerda no dé más de sí
Deja en tierra todo el peso
Mira luego sobre tí
Cómo lucen las estrellas en el cielo

Encuentro en Verano que Coetzee también ha sentido en sus propias carnes ese desprecio condescendiente, ese desdén hacia la persona que escribe poemas, hacia la persona que escribe en general. Eduardo Laporte en su novela Luz de noviembre, por la tarde cuenta en uno de sus capítulos su experiencia al respecto. No recuerdo a ningún otro escritor que haya pasado por circunstancias parecidas, pero tampoco he sido un buen lector de memorias.

Me imagino un catálogo de excusas. Decir que ocupa el tiempo en “escribir y leer” para luego escuchar la repregunta “¿y qué escribes?”, “poemas” debería decir, pero se calla. Autocensura. La creación es un acto de silencio, vaya paradoja.

De los libros a la vida. De los libros: Samuel Beckett:

All of old. Nothing else ever. Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.”

De la vida: Mi padre, que nunca leyó a Beckett, me escribió algo parecido en la dedicatoria de un libro que me regaló, creo que para certificar de algún modo mi tránsito de la infancia a la etapa adulta. Un libro de literatura de no ficción: la historia de una joven que dió la vuelta al mundo en solitario en un velero de seis metros de eslora. Y sobrevivió para contarlo.

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3 comentarios en “Con los huesos por los suelos

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