La renuncia

Dejé de publicar cuando advertí que todo lo que escribía se hacía realidad. Si contaba un asesinato, al día siguiente lo leía en el periódico con indénticos detalles a los que había descrito. Si relataba una pelea conyugal, la escuchaba reproducirse con pelos y señales entre los vecinos de la puerta de al lado. La gota que colmó el vaso fue el atropello por un autobús del portero de la finca que había imaginado en uno de mis cuentos.

Pero antes de abandonar probé aquel extraño poder de mi escritura, que no sabía con exactitud si actuaba como un sortilegio o como instrumento de construcción de la realidad. Y provoqué algunas consecuencias positivas. Conseguí, por ejemplo, que el matrimonio vecino de reconciliara y dejara de pelearse continuamente; logré también que el portero de la finca se recuperara sin secuelas del terrible atropello; pero de ningún modo conseguí resucitar a la víctima de asesinato de mi primera novela a quien, por otro lado, no conozco de nada.

“Está bien, seguiré escribiendo”, me dije, con plena conciencia de que nunca más iba a volver a publicar una historia en mi vida. Podría solucionar guerras, hambrunas y discordias o, en el terreno más cercano, lograría vivir sin estrecheces y haría felices a aquellas personas que lo necesitaran. Sólo tenía que escribirlo. Pero publicarlo era imposible. La literatura, eso lo sé bien, es un cóctel imperfecto entre el bien y el mal. Quitarle uno de sus ingredientes desacredita al demiurgo que los combina.

No sería necesario siquiera comunicarlo a mi editor. Simplemente me senté en el escritorio y escribí este relato.

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2 comentarios en “La renuncia

  1. Muy bueno. Al hilo de esto, creo que en las artes en general se ha eliminado una de las dualidades. La felicidad y el optimismo están denostados. Sólo se admite aquello que te deja con ceniza en la boca, la que no admite esperanza. Y la parte dura y trágica de la vida existe, estoy de acuerdo, y cerrar los ojos al dolor es superficial, es la felicidad del ignorante. Pero cerrar los ojos a la otra parte, a la maravillosa, a la que reconcilia y a la que esperanza…

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