Ser otro

Ocultar la identidad bajo un seudónimo para poder expresarse con libertad es una práctica que viene de antiguo. Dos casos recuerdo a  bote pronto, el de la escritora gaditana Cecilia Böhl de Faber, que firmaba como Fernán Caballero, y el del periodista Mariano José Larra, que lo hacía como Fígaro. En ambos casos el propósito del ocultamiento era defender la integridad personal, aún a costa de la propia identidad.

El poeta portugués Fernando Pessoa firmó muchos de sus poemas con los nombres de Alberto Caeiro, Ricardo Reis o Alvaro de Campos, entre otras identidades ficticias. En ese caso la intención no era exactamente preservar la identidad del autor, sino crear desde la identidad ficticia de otra persona; la creación como acto teatral. El propio Pessoa lo escribe en una carta que envió al poeta Adolfo Casais Monteiro:

Lo que soy esencialmente -detrás de las máscaras involuntarias del poeta, del raciocinador y de los demás que haya- es dramaturgo. El fenómeno de mi despersonalización instintiva, al que aludí en mi carta anterior, para explicar la existencia de los heterónimos, conduce naturalmente a esa definición. Siendo así, no evoluciono. Viajo. Voy cambiando de personalidad, voy (aquí es donde puede haber evolución enriqueciéndome en mi capacidad de crear personalidades nuevas, nuevos estilos de fingir que comprendo el mundo, o mejor, de fingir que es posible comprenderlo“.

(Las negritas son mías)

En sus escritos, Pessoa habla también de psiquiatría y ocultismo y la relación que pudieran tener con este desdoblamiento de la personalidad. Un desdoblamiento, por otra parte, que ha sido estudiado por disciplinas como la microsociología. Erving Goffman, por ejemplo, en La presentación de la persona en la vida cotidiana desarrolla la teoría de que todos, más o menos conscientemente, representamos un papel cuando nos relacionamos con los demás y nos caracterizamos al efecto cada día; una identidad, por otro lado, que no tiene por qué estar disociada de la personalidad, sino que vendría a ser más bien su reflejo. Aunque en las máscaras falsas terminen viéndose las grietas.

Imagen de dos actrices leyendo
Dos actrices del Shepherd of the Hills Theater leyendo.
La fotografía es de Gerald R. Massie y está digitalizada en los archivos del estado norteamericano de Missouri

En las relaciones personales en internet todo lo dicho anteriormente es algo a lo que ya estamos más o menos habituados. Tratamos con personas que no conocemos directamente, que ocultan su identidad por cualquiera de éstas razones o por otras que no he detallado y que incluso podrían ser actividades delictivas. No pretendo hacer una exposicion exhaustiva de ellas. Me interesa esta evolución de la identidad desde el punto de vista literario, como materia prima de la ficción.

Todos los escritores, o buena parte de ellos, presentan en sus obras tanto los pensamientos como la acción de los personajes. El lector, desde una posición de privilegio, sabe quién miente, quién dice la verdad, y va construyendo unas expectativas que hacen avanzar la lectura. La creación contemporánea, no puede pasar por alto el fenómeno de internet y cómo afecta a las relaciones entre las personas. Pero no basta sólo con presentarlo como un hecho lateral o accesorio de la realidad, ya forma parte central de las relaciones y de los procesos psicológicos personales de cada persona y, en esta medida, también condiciona sus decisiones y sus acciones.

Un ejemplo a desarrollar: Si el escritor crea un personaje ficticio que hace pasar por real, puede del mismo modo crear un personaje ficticio que hace pasar por ficticio de acuerdo con el propósito de la narración. A partir de aquí, las posibilidades de la acción, bien la que ocurre finalmente, bien la que imaginan los personajes, se multiplica en un abanico de opciones interesante, las distintas formas de la verdad y sus consecuencias. Mucha materia prima.

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12 comentarios en “Ser otro

    • O poeta é um fingidor.
      Finge tão completamente
      que chega a fingir que é dor
      a dor que deveras sente.

      E os que lêem o que escreve,
      na dor lida sentem bem,
      não as duas que ele teve,
      mas só a que eles não têm.

      E assim nas calhas de roda
      gira, a entreter a razão,
      esse comboio de corda
      que se chama coração.

      Autopsicografia, Fernando Pessoa

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      • El gusto es, como siempre, mío. No sé si en el enlace se lee que la interpretación es de la inefable Mísia. La subí ayer antes de irme a la cama para ponerla, junto al texto, como comentario. Perdone eventuales errores técnicos pero me pudo el entusiasmo.

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        • En su poema “Esto”, Pessoa explica aún más. Este es sólo el comienzo del mismo:

          “Dicen que finjo o miento
          en todo cuanto escribo.No.
          Yo simplemente siento
          con la imaginación.
          No uso el corazón.”

          Entiéndase corazón en su sentido literal.

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  1. Amigo Santiago: No sé sobre que escribes… 🙂 Aqunque lo considero excelente.
    Los seudónimos nos sirven para ocultar, desvirtuar, comercializar, evitar confusiones, impartir misterio e interés. Incluso para proteger la intimidad. George Sand, Kierkegaard, Neruda o Mark Twain lo hicieron. Un gusto visitarte, como siempre.

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