Frío

Toda la semana temblando de frío. Sea cual sea la temperatura exterior, toda la semana con la bufanda puesta dentro de casa, J. retoca poemas abandonados. Me los enseña. Le miro sin decir nada. Los abandona hasta mejor ocasión. Algún día los perderá de manera definitiva. Después aparecerán en lugares inesperados, como las setas, cuando lleguen de nuevo las lluvias de otoño. Ese frío borrascoso lo irradia algún hueso que anuncia el futuro antes de tiempo. ¿Quién decía aquello de que la vida está directamente relacionada con el calor interno? A más temperatura interior, más vida. “Por eso los muertos estan helados”, dice J. embozado en una gruesa lana de oveja escocesa teñida de naranja y verde. Se comprende que uno arda en la adolescencia y juventud y luego se vaya apagando. Lo bueno es que no sabemos cuánto pábilo nos queda. Ni cuántas lágrimas derramará la vela, eso es lo malo.

Imagen de cristal de hielo
Cristal de hielo.
La imagen es de dominio público.

Leo ésta imagen de las velas que lloran en un verso de Rafael Alberti. Tantos años de espera para regresar a España desde el exilio. Daba a sus poemas un tono otoñal ya cumplidos los cincuenta. No sabía aún que apenas había rebasado la mitad de su vida.

Ahora que se acerca la fecha, J. me comenta aquellos cumpleaños oficiales que el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María le organizaba a Rafael Aberti. No estuvimos en todos, pero los pocos a los que fuimos se han convertido en un mal recuerdo. Mejor no pensar en ello, le digo, mejor leer lo que escribió, ese desgarro del aterrado. Me detengo en uno de sus poemas, la marca de agua de su soledad. Leo al azar en unos de los libros de J. amontonados sobre la mesa de trabajo, Baladas y canciones del Paraná :

Pensé ponerle a mi casa
de campo un nombre: El Olvido
Pero pensé: ¡qué gran nombre
para los que mal me quieren
y se llaman mis amigos!

Le dí otro nombre: El Recuerdo
Y di El Olvido al olvido”.

Hace una semana, antes de caer preso de ese frío interior, J. escribió la lista de sus viejos amigos. Me la enseñó y la quemó sobre un cenicero. La miramos arder. Vimos cómo el papel blanco se convertia en una pavesa gris y negra y luego ceniza entre los dedos. “Los echo de menos. Pero ya no están. Si nos cruzamos por la calle ni siquiera nos reconoceríamos unos a otros”, me dijo. “Ahora sólo hay ratas”, agregó paranoico. Desisto de pedirle una explicación. Mejor dejarlo ser. Luego supe que aquella misma noche rescató su bufanda del fondo del cajón.

Ahora sigue ahí, sentado ante el escritorio, en busca de palabras, lamentándose del frío y de un dolor de cabeza persistente como el aroma de las cañerías, el hábitat de las ratas.

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4 comentarios en “Frío

  1. Hace mucho que no leo nada de Alberti, teniendo en cuenta que junto algunos poemas de Antonio Machado, del Machado de pos poemas cortos, casi haikus, fue mi primer poeta, dado que había poemas suyos en un libro de lectura escolar en 1º de EGB. Recuerdo vagamente porque para entonces yo casi ya no vaia televisión sus imágenes de los años 90 ya muy anciano y convertido poco menos que un espectáculo. Prefiero recordar sus poemas que aun viven en mis recuerdos de entonces y todos los que leí durante años (y hubo muchas cosas suyas que no me gustaron) a recordar homenajes e imágenes penosas.

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    • Entiendo. A veces las lecturas de la época escolar son bastante limitadas, al nivel de la edad. Yo más que lecturas escolares recuerdo el consejo de algún profesor para que nunca me acercara con prejuicios a una obra literaria o a un autor.
      La poesía de Alberti es muy rica y variada y, en estos momentos de crisis en todos los ámbitos muchos versos son bastante actuales, pero hay que sacudirse los prejuicios para acercarse a su obra.

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      • No son prejuicios. en general la poesía de Alberti me gusta, lo que hace es que hace mucho que no lo leo. Y para mí es un poeta importantísimo porque fue como digo, mi primer poeta conocido junto a Machado. Tambien en aquel libro había romances, el poema de Lorca sobre los lagartos, Gloria Fuertes…, estamos hablando de un libro para niños de 6 años.
        Lo que en mi recuerdo resulta penoso es el Alberti viejo, con la gorra de marinero saliendo en la televisión, no su obra. Su libro sobre la pintura, quitando unos pocos poemas me parece de lo mejor que escribió.

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        • No lo decía por tu comentario en concreto; cuando respondo comentarios intento escribir tambien para otras personas que van a leerlos.
          Sobre la vejez, tienes razón que deberia ser algo más privado. Recuerdo, por ejemplo, la película sobre Papá Hem y Marta Gellhorn: el director nos muesra el suicidio del escritor después de dos escenas, una en la que es incapaz de escribir ya, y otra en la que se pelea con su mujer porque le quiere dar de comer.
          La vejez de todos, también de los famosos, debería ser parte de la intimidad y en el caso de Alberti eso no se respetó.

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