La imaginación de los mapas

Creo que la afición por los mapas le vino de Tolkien. En la edición de El señor de los anillos que nadie leía porque nadie sabía quien era Tolkien (los tres libros en uno), ni de qué iba la historia, había un mapa de la Tierra Media que consultaba cada vez que se sumergía en la novela. A veces, mucho antes, muchísimo antes de que nadie llevara al cine aquel relato mitológico, cuando echaba de menos las noches en vela leyendo las aventuras inverosímiles de aquellos seres fantásticos, abría el mapa y se recreaba en él, en los lugares señalados por el autor pero, sobre todo, en sus vacíos, y se preguntaba qué historias habían ocurrido en los lugares no relatados, quienes vivían allí, cuándo Tolkien revelaría la zona de sombra de la que no se sabía nada y de la que tanto quería saber.

Pero Tolkien, como todos los seres humanos, un día murió, y las sombras siguieron siendo sombras. Y luego hicieron la película, maravillosa película, tan fiel, tan fiel al relato, que terminó por borrar todas las imágenes que había recreado su mente en las interminables noches en vela en las que leía El señor de los anillos. Un buen recuerdo que se convirtió en frustración y olvido.

Imagen de una carta náutica de Nueva York
Carta náutica del puerto de Nueva York del año 1779.
La imagen está digitalizada por la Biblioteca Pública de NYC

De aquel libro y su mapa de la Tierra Media le quedó cierta afición por los atlas. Un día, un amigo le enseñó el que editaba el periódico británico The Times, esos lujosos mapas que recogían hasta el más mínimo detalle cartográfico, casi una fotografía de altísima resolución con cada escarpe de tierra, cada isla, cada acantilado; no había selva, pueblo o camino que no despertara su curiosidad. Y en cada lugar había una historia por contar, una historia que imaginar.

En la prisión, o en los ratos en los que está bajo tratamiento en el hospital psiquiatrico, lo único que pide para leer son atlas, libros de mapas o cartas náuticas. Y así pasa las horas, en otro lugar y, quizá, en otro tiempo.  A veces, cuando voy a visitarlo, me cuenta alguna de esas historias que no aparecen en los mapas y que nadie conoce más que él que las inventa. Hasta el día en el que, como Tolkien, muera, y su imaginación se pierda en la tierra y el olvido.

Anuncios

9 comentarios en “La imaginación de los mapas

  1. Fascinante. Yo tambien tengo mi fijación por los mapas. Suerte que ya no vivo en un lugar donde a algunos sanos molestos los someten a tratamiento siquiátrico todavía. (mala leche) Un abrazo

    Me gusta

  2. Los mapas, como objetos, son realmente maravillosos. El imagen, información, diseño, arte, todo en uno. Tolkien estudiaba a fondo los escenarios de sus novelas, tanto que de esos estudios surgieron varios cuentos.

    Me gusta

Comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s