Mediocridad y genio

La práctica de presentar datos de forma visual para que sean más comprensibles, o para que sean comprensibles por un mayor número de personas, tiene el inconveniente de que a veces se riza el rizo. Un ejemplo es el siguiente cuadrante en el que se clasifica a un puñado de escritores de habla inglesa según dos ejes opuestos: mediocridad-genio y arrogancia-modestia. No le doy mucho crédito puesto que el sitio que lo ha publicado no explica los criterios por los que ha clasificado a cada autor en un lugar y no en otro.

Como decía Clint Eastwood en una célebre película (cita que encabeza un interesante libro de Roger Wolfe, por cierto, Todos los monos del mundo), “las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno”, de modo que cada cual es libre de aceptar el cuadrante tal y como está o poner a cada uno en el sitio que mejor le parezca, de lo que ya se encargará el tiempo, de todos modos.

Para los que somos hispanohabantes, sería interesante elaborar uno de éstos con nuestros iconos literarios. Sea cual sea el resultado, estoy seguro de que me reiría un rato al leerlo. La risa también es una opinión, siempre subjetiva.

Imagen de escritores geniales

Desde un punto de vista mas serio, y hablando sólo del segmento mediocridad-genio, que es lo que al fin y al cabo se puede discernir de la obra de uno u otro artista, habría que plantearse la pregunta en según qué época. En el último número de la revista FronteraD se pone el ejemplo del escritor Robert Walser, cuya obra, en su día no muy apreciada, ha ido fermentando con el tiempo hasta ser valorada en el presente. Esto prueba  que hay autores que no escribieron para sus coétaneos, sino para las generaciones futuras. Y posiblemente, ellos nunca lo supieron, con la consiguiente frustración y penalidades que eso les pudo suponer. Si es que él asunto no les importaba un bledo.

¿Y cómo saber para quién se escribe? No creo que importe mucho si lo que uno desea es escribir. Tanto si la recepción de la obra es mejor en el futuro que en el presente, viceversa o ésta no se produce nunca jamás, lo importante es ser honesto con uno mismo. El físico Jorge Wagensberg, cuya lectura es más que recomendable, ha escrito algunas reflexiones que lo explican a la perfección:

Sinceridad en el arte: cuando un artista experimenta el acto artístico consigo mismo”

“Una obra de arte puede ser deshonesta en su creación y sincera en su recepción”

“La emoción en arte ocurre o no ocurre, no existe la recepción deshonesta”

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9 comentarios en “Mediocridad y genio

  1. Parece el cuadrante de un niño de secundaria apuntando nombres de modelos: “estas me gustan y estas no”. Siendo esos los nombres, quién de nosotros no quisiera salir entre ellos aunque fuera como el más mediocre de todos. Firmaría ahora mismo, sin dudarlo.

    Ps. Me parece tan absurdo comparar autores de principos y finales de siglo… a un tipo anónimo en la Praga de entre guerras como Kafka con el mediático Tom Wolfe (son peras y tuercas de camión, una tontería).

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