Un refugio hecho de libros

Los libros que cada uno atesora en casa son como un pequeño país hecho a la medida de su propietario. En ellos, con el paso del tiempo, se ven los aciertos y errores de una vida de lecturas. Los aciertos en los libros que se guardan con cariño y a los que se vuelve de tanto en tanto. Los otros porque, aunque los compramos en su día llevados por algún impulso, nos desilusionaron, no estuvieron a la altura de la expectativa que generaron. A veces, estos, los vendo al peso, sin dolor alguno por la separación. Los otros se quedan en las estanterías, figuradamente son islas en las que recalar para proteger el barco cuando la navegación se hace tormentosa.

Me gusta mucho ir a la biblioteca pública, es una forma de leer que no supone mucho gasto y proporciona una gran variedad de elección. En ella, desde niño, he elegido libros que fueron también tesoros, pero que rara vez adquirí luego en propiedad. Ya los había leído, ya me había empapado de su sabiduría. ¿Para qué tenerlos en casa?

Imagen de una biblioteca
La imagen ha sido cedida al dominio público por Carlos Bonilla

Cuando llega el invierno, me apetece menos ir por la biblioteca y vuelvo a mi pequeño país de estantes de madera. Y hay ocasiones en las que echo de menos esos libros que tomé prestados de allí y que tanto me fascinaron. Me consuela pensar que no son míos, sino de todos, y por eso no están en mi librería cuando quiero volver a sus páginas, porque en ese momento alguien que pasea por los pasillos ante la veterana indiferencia de los bibliotecarios va a a escoger uno de ellos, llevarlo a casa y dibujar nuevos senderos, hasta ese momento desconocidos, en el mapa de su mente.

Aún así, siempre recomendaré comprar libros, unos pocos, los que cada cual pueda, para construir con ellos un refugio en el que abrigarse de las inclemencias del tiempo y sus bombas nucleares.

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9 comentarios en “Un refugio hecho de libros

  1. Me has hipnotizado con tus palabras por un instante y te seguí los pasos por la biblioteca pública, la mirada indiferente de la bibliotecaria… me fascinó la narrativa, el tono y los matices. Me alegro que tengas un hermoso refugio en los libros, creo que es el mejor refugio que se puede tener, después de la imaginación. Ambos refugios a mi me cautivan, leer y escribir sin límites ni fronteras de ninguna especie. Sabes, te confieso, el 100% de las veces escribo para mí, sin importar si alguién le gusta o lo malinterpreta. Siempre ha sido como cuando pinto un cuadro, es una terapia valiosa y útil para sanar mis heridas y trazar nuevas metas en mi vida, nuevos sueños… Fue muy placentero leer tu entrada, me la disfruté muchísimo. Saludos

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  2. El domingo deja de ser gris, cocinando mientras escucho a Ella Fitzgerald con Oscar Peterson y después tirado en un sofá releyendo “El lobo estepario.” Pero leerte encendió la chispa. Gracias!

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