Toca como un maestro

Escuchaba a Miles Davis en su ático luminoso. Desde la terraza acristalada, protegida del viento y del frío, gozaba de todo el sol de invierno que aquellos amplios ventanales transparentes regalaban a su piel. Al rato de estar tumbado en el sofá sentía el calor del sol en los párpados cerrados. Imaginaba que estaba en una playa soleada. Pero en lugar de la resaca del mar, oía a Miles Davis. Intentaba comprender esa música. El sonido negro era tan opuesto a su vida, se decía a sí mismo.

Davis no le gustaba. Por más que escuchaba aquellos temas, no sentía nada. Quizá un ligero malestar, una ligera aversión que no lograba sistematizar mentalmente. Demasiado complicada, demasiado pastosa. No hay nada claro en ella, se decía, y a él le gustaba todo lo que era diáfano. El disco se llamaba “Kind of blue”. Se lo había prestado -grabado de un lápiz de memoria- el vicepresidente ejecutivo de la compañía, Jerónimo. Buena gente, este Jerónimo. Conocía a la perfección a Patricia. “Hasta el más mínimo detalle”, le había dicho, “y no te engaño, le encanta el jazz, y de todos los músicos de jazz, éste es su favorito”.

Imagen de Charlie Parker y Miles Davis
En primer plano, toca el saxofón Charlie Parker; en segundo plano, soplando la trompeta, Miles Davis.
La fotografia es de William P. Gottlieb, sin restricciones de uso por derechos de autor

Pero ahora pensaba que no había sido buena idea invitarla a tomar una copa en su casa antes de salir a cenar. Estas cosas se hacen al revés. Le empezaba a doler la cabeza. Patricia ya se retrasaba quince minutos. Veía el sol descender con rapidez. Poco a poco, diminutas pecas luminosas iban dibujando la cara de sombras de la ciudad. Lo siento por tí Patricia, pero no me gusta nada éste ¿artista?, se preguntó a sí mismo con desdén. Iba a cambiar la música por algo más animado, pero no le dió tiempo. Se escuchó el timbre de la puerta de entrada. Sonaba con insistencia, como si el visitante tuviera prisa. De modo que se desvió de su trayecto hacia el equipo de alta definición y fue en dirección opuesta para abrir la puerta. Allí estaba ella, con un elegante traje escarlata ajustado a la piel, los hombros al descubierto,  el abrigo colgado del brazo, y media sonrisa granate brillante. Se dieron sendos besos y la invitó a pasar.

— Me encanta Miles Davis, Álvaro — dijo nada más apropiarse del salón con esa elegancia discreta que tienen las mujeres cultas–. Jerónimo me ha dicho que eres todo un entendido en jazz.
— Sí –respondió él dejando caer los párpados como diciendo “qué bien que me hagas esa pregunta”–. Davis es un músico excepcional. Toca el clarinete como un maestro.

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4 comentarios en “Toca como un maestro

  1. Me pregunto como había sonado un clarinete tocado por Miles Davis. 🙂
    Kind of blue? Ojalá que alguien me recibiera con “So what” alguna vez. Nada de vestidos escarlata ni sonrisas granate, claro.
    Un placer leerte, como siempre.

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