Números y letras

Los letraheridos nos llenamos la boca de palabras para nombrar el mundo. Sin embargo, el único crédito que el mundo acepta es el de los números y el de los sellos oficiales. Oficialmente, las palabras están bajo sospecha. Socialmente, también. Ahora mismo, en el mundo que conozco al menos, se espera más del otro la mentira que la verdad. Y si la palabra está bajo sospecha, todos somos sospechosos. De algo indefinible. Somos sospechosos preventivos.

La verdad se ha vuelto antigua. Está asociada al honor y el honor es un concepto que nadie usa como argumento hoy en día. Aún recuerdo cuando era niño cómo decíamos, ante la mirada escéptica de un compañero, “palabra de honor”. La palabra y el honor: uno sostiene al otro y viceversa. Pero ya no se habla de honor. Eso es algo muy antiguo, tiene que ver con la aristocracia, o así.

Imagen del código de honor de West Point
El cadete no mentirá ni tolerará a quien lo haga.
La imagen pertenece al dominio público.

James Salter, en sus memorias, pone un ejemplo de su época en la academia militar de West Point que viene al caso. Allí todo era tradicional, se conservaban las tradiciones. Y ya se sabe que las tradiciones vienen de antiguo. Son viejas. Entre las tradiciones de West Point, la principal era que se podía confiar en la palabra de cualquier cadete de la Academia. Era palabra de honor. Quien faltaba a ella terminaba fuera de West Point.

No he encontrado un ejemplo moderno que acredite la palabra. Sólo los sellos oficiales y los números, si son de una cuenta corriente, mejor. Estamos es una época en la que hay que aprender a navegar entre la niebla, el fenómeno más temido por los marinos, más que una galerna, más que un huracán. La niebla lo oculta todo. Como la mentira. Hoy debiera ser tarea de un escritor desenmascararla,  devolver el crédito a la palabra, que es lo mismo que devolver el crédito al ser humano que se comporta como tal.

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10 comentarios en “Números y letras

  1. Me uno a tus palabras y hago eco, y, si, lamentablemente tienes mucha razón, le toca a los amantes de las letras, anunciar todas las alertas rojas de nuestro diario vivir; me duele ver como va desapareciendo, el honor humano como humo al viento, contaminando sin piedad el futuro de nuestros niños. Que dolor que pena.

    Dios te bendiga la vida junto a los que amas.
    Mil abrazos

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  2. Reblogueó esto en Isabelgaviota's Blogy comentado:
    Me uno a esta alerta roja de mi amigo virtual Santiago Pérez Malvido.
    Un Mundo Perfecto

    Mis hermanos nuestro Padre Celestial nos creo un mundo perfecto y hermoso! tomemos conciencia y cuidemos nuestra Madre Naturaleza ya que en ella vemos las grande obras de Papito Dios por favor eduquemos a los niños de hoy en fe en respecto y con compasión y honor en su alma; solo así veremos el cambio en el hombre de mañana. Lluvia de bendiciones junto a los tuyos y tu hogar, la paz es la vida y si vives sin paz vives una vida genérica y eso no es vida real.
    Isabel Gaviota

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  3. Efectivamente, de niño solíamos decir aquello de “palabra de honor…” Era una frase sin raíces ni significante. En realidad, los sueños del hombre se volatizaban más temprano que tarde. Una ingenuidad de aquel país tan ingenuo bajo la bota de la impiedosa dictadura militar.cuasi centenaria. Un país que sobrevivió entre las ruinas de una guerra de criaturas de la misma sangre sangre e idénticos valores.Nos envolvieron en formol al nacer para alejarnos de las llbertades que se iban extendiendo a lo largo y ancho del continente. Y por detrás entre bambalinas y discursos reaccionarios y amenazas nos hablaban de la patria y los peligros de las libertades. ¿Lo pagarán aquellos rufianes?. Y ahora, en estos tiempos difíciles de la modernidad, lo que nos negaron aquellos extraños y ampulosos dirigentes (?) que manejaba las bambalinas de un poder absolutista ejercido y administrado por una casta gubernamental y absolutista que nos llevó a una miseria durísima que se alargó a lo ancho de media centuria. Que Dios reparta suerte, compañeros.

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  4. Muchas gracias por sus comentarios. Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a intentar contestar a todos a la vez.
    El honor, la fe, la honestidad los sellos oficiales, los números y -pongan ustedes lo que quieran en la lista-, sirven actualmente de crédito para la palabra de cada cual. Otra cosa es que el interlocutor de cada uno la acepte como garantía de veracidad.
    Habría que bajar a cada caso concreto, detallar las circunstancias, los hechos, el comportamiento de las personas, sus motivaciones, sus condicionantes; exponer todo eso, sin juzgar, y que cada lector decida lo que hay de verdad y de mentira. No sólo es deber del escritor como digo en el post, es la materia prima de su trabajo de cada día.
    A lo mejor, si no existiera la mentira, los que escribimos nos quedaríamos sin trabajo.
    Un saludo y muchas gracias a todos.

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  5. Por eso es que muchas veces no consigo adaptarme a este mundo. Recibí la educación de que la palabra vale lo que nada y que una promesa debe cumplirse. Así también educo a mis hijos y si prometo algo, lo cumplo. Hubo sólo una cosa que prometí y aún no cumplí: Hacerme un tatuaje si conseguía publicar mi novela. ¡Y aún me pesa!
    Esa palabra, letraheridos, me fascina. Nos hermana una misma herida.
    Un abrazo.

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    • Hay mucha injusticia sostenida por mentiras que se hacen pasar como verdades y no es facil adaptarse a eso, no. ¿Cómo aceptar que la injusticia forma parte de la naturaleza humana, de nosotros mismos?.
      Igualmente otro para tí.

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  6. Es curioso como de una generación a otra, por circunstancias históricas, una palabra puede perder fuerza, incluso crédito y significado. Y es que como dice el amigo Castroviejo, a la gente de honor no les va bien ya. Nos hemos dejado engañar y cegar por “el mejor vestido del año”, el político que “salvará a la patria” o los militares que invaden “para salvar la democracia”. No podemos creer en nada ni en nadie, mucho menos en las palabras. Creo que eso las hace más grandes.Gracias, Santiagazo, por llenarnos la cabeza de buenas ideas sin dogmas.

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    • Gracias a tí por leer mis palabras. Hay una diferencia entre la palabra escrita o registrada y la palabra que se olvida, que se lleva el viento. Es más difícil retractarse en el primer caso, es más arriesgado porque queda escrito. Un saludo.

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