La taberna de Dickies

Cuando el periodista Enric González entrevistó a John Banville saltó una chispa entre ambos, una anécdota que el primero no dejó pasar y plasmó tal cual en el periódico. El escritor irlandés venía a decir que a diferencia del reportero, él se hace innumerables preguntas sobre detalles, insignificantes muchas veces, de un suceso o un hecho que ha atraído su atención. Para un periodista esas preguntas y respuestas son irrelevantes casi siempre. Para un narrador son la materia de su escritura.

Las fotografías antiguas me producen esa curiosidad detallista. Miro fotos y sueño. Imagino. Son el primer paso de la ficción. Supongo que algo parecido ocurre con las personas: vemos a alguien y nos imaginamos que ha hecho tal o cual cosa (aunque no sea verdad, sólo por pensarlo ya lo creemos capaz de ello), o que ha dicho esto o aquello de nosotros o de nuestra amiga, o que está planificando alguna trama o algún regalo. Cotilleo imaginario. Público si lo contamos. A mí me gusta ser cotilla fotográfico, para qué mentir.

Imagen de la taberna de Dickies
La taberna de Dickies en Great Falls (Estados Unidos)
La imagen está digitalizada por la Biblioteca del Distrito de Columbia.
No tiene restricciones conocidas de derechos de autor.

Me gustaría saber, por ejemplo, si Dickies usaba sombrero de ala, sabía montar a caballo o guardaba una recortada debajo del mostrador. Si cortaba él mismo la leña de esa enorme chimenea en la que se calentaban los parroquianos que visitaban su taberna. Si amaba a una mujer o escondía el amor por un hombre (cosas de la época). Si cojeaba de la pierna derecha o de la izquierda o, quizá, tenía una pierna de palo porque, siendo joven, fue grumete de un ballenero y se cayó desde la verga del trinquete en una cabezada del velero. “Dickies”, le dirían, “a ver cuándo mejoras el whisky”. Risas. El fuego chisporrotea. Fuera ya se ha derretido la nieve, pero los árboles todavía están pelados como sarmientos voladores. Aún faltan semanas para la primavera. Alguien toca una vieja melodía irlandesa con un violín, oculto en la esquina más oscura de la taberna, en la esquina más profunda del corazón de los que allí van a beber.

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3 comentarios en “La taberna de Dickies

  1. ” “Dickies”, le dirían, “a ver cuando mejoras el whisky”. Risas. El fuego chisporotea. Fuera ya se ha derretido la nieve, pero los árboles todavía están pelados como sarmientos voladores. Aún faltan semanas para la primavera. Alguien toca una vieja melodía irlandesa con un violín, oculto en la esquina más oscura de la taberna, en la esquina más profunda del corazón de los que allí van a beber”.
    Ojalá lo hubiera escrito yo. Leí esta parte como cinco veces.
    Cada vez escribís mejor, Santiago.

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