El blues de la cárcel

Hace años alguien que decía saber de magia y quiromancia le vaticinó a mi amigo J. que estaría una larga temporada encerrado en un lugar del que no podría salir, un lugar que el brujo -era un hombre, seguro- no especificaba pero que en los naipes aparecía como una torre quebrada o algo así, en la que había una ventana con rejas y todo. Un vaticinio tan vago se puede interpretar de muchas maneras, como hay muchas maneras de escapar, cosas de las que escapar, personas de las que escapar.

Imagen de una carretera
La imagen ha sido puesta en el dominio público por Ryan McGuire

De lo que no se puede huir es de uno mismo, me dice J., mientras conduce a toda caña un ford mustang rojo con dos bandas blancas a lo largo del capó delantero. Los amigos clásicos tienen manías clásicas. Y además han visto demasiadas veces Granujas a todo ritmo.

Elwood Blues: Estamos a casi 200 kilómetros de Chicago, tenemos el depósito lleno, medio paquete de cigarrillos, es de noche y llevamos gafas de sol.
Jake Blues: Tira.”

¿Por qué corres tanto?. Pregunta estúpida. Intento dejar atrás mi sombra, me dice J. tan pancho. Supongo que después de tanto tiempo a la sombra, le apetece disfrutar la luz del sol. Reirse un poco de sí mismo.

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2 comentarios en “El blues de la cárcel

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