Solitario trueque

Nadie, en las confusas letras españolas de nuestros días, ha podido ser tan confundido y tomado por otro como José Bergamín. Quizá el propio Bergamín ha creído ser otro, o ha cedido, con cierta coquetería, a ese traspapelarse en otras posibilidades suyas, muy suyas, pero que no eran, acaso, su ser más intimo y verdadero, sino más bien como un lujo de sí mismo. «Se nos debe confundir con otro», dice Nietzsche. Es, pues, bueno que se nos confunda. ¿Por qué?, se dirá. Pues… porque sí -Nietzsche, como se sabe, habla siempre desde ese clima duro, crudo, de su vigorosa verdad indemostrable-, y también, quizá, porque ser confundidos con otro nos resguarda, nos preserva, nos ahorra, más aún, nos permite ser aquello que más intensamente y centralmente somos; ser confundidos con otro nos mantiene intactos, incontaminados, limpios; siempre, claro es, que se tenga fuerza suficiente para afrontar la desalmada y pura soledad en que ese trueque nos deja tirados.

Ramón Gaya
Epílogo para un libro de poemas de José Bergamín

Imagen de Jose-Bergamin
Retrato de José Bergamín realizado por Ramón Gaya

Vía Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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3 comentarios en “Solitario trueque

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