El placer de escribir

Cuando dejé de fumar después de más de quince años de adicción un amigo que también lo había conseguido me dijo que poco a poco iría recuperando los sentidos, sobre todo el gusto y el olfato. Y se cumplió su profecía.

No he tenido la mala suerte de haber sido adicto a la heroína, esa droga que se llevó por delante a tanta gente de mi generación, esa esclavitud que, de algún modo, terminaba siendo una especie de suicidio programado, de huida hacia el fin. No es comparable a dejar el tabaco, pero cuando hablo de ello me acuerdo del ambiente de esos años, aunque a mí sólo me tocara de refilón. Y cierro aquí esta apostilla a modo de pensamiento paralelo.

Imagen del humo
La imagen ha sido cedida al dominio público por Ralf Kunze

En realidad dejar el tabaco es como dejar de escribir al dictado, uno recupera el gusto y el olor de las palabras, de la autenticidad de las cosas que nombra, el placer de escribir por el mero placer de hacerlo.

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13 comentarios en “El placer de escribir

  1. La nicotina estimula nuestra capacidad de concentración (aunque no sea imprescindible para conseguirlo), de alguna manera es un dopaje para escribir, leer o escuchar. En concreto, y copio y pego de la wikipedia que es más sencillo que del libro de Farmacología (en una estantería sobre mi cabeza): “estimulante sobre la vigilancia, alerta y rendimiento cognitivo (dosis bajas)”. En efecto tiene sus contraindicaciones.

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