Volar a la intemperie

Tuvo que ser divertido volar en un avión descubierto como estos S.E.5a y Fokker de la primera mitad del siglo veinte. El piloto sentía en la cara el aire frío, podía mirar el cielo de forma parecida a cómo lo hacen los pájaros, y dirigir el avión con el ánimo de los pioneros.

Ese vuelo a la intemperie tendría sus riesgos y sus aspectos incómodos, pero la sensación de libertad que debía proporcionar no creo que se experimente en un avión en la que el piloto está encajonado en la carlinga, tiene que respirar por un tubo de plástico y apenas hay sitio para mover las muñecas (James Salter cuenta algunas anécdotas sabrosas de su experiencia como piloto de guerra en sus memorias Quemar los días).

Imagen de volar
La imagen está tomada entre 1930-1940 en EEUU. Pertenece al archivo del Museo del Aire de San Diego.

El interés por volar tiene raíces en la poesía y en el afán por superar los límites de la condición humana. Charles Dickens, cuando pone a prueba a Ebenezer Scrooge, lo hace volar en compañía de espíritus la víspera de Navidad. Bulgakov también consigue que levanten el vuelo el maestro escritor y a su amante Margarita para que alcancen la felicidad. El principito de Saint Exupéry debía volar para viajar de planeta en planeta y su narrador es piloto de avión.

Elevarse sobre uno mismo, sobre los propios límites o los que le impone el entorno, es un deseo tan poderoso como el de volar. Y aunque a veces los límites sean tozudos, el ser humano siempre se asombró a sí mismo cuando encontró la manera de romperlos.

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6 comentarios en “Volar a la intemperie

  1. Genial. Puedo volar intentando superarme, para conseguir mis sueños. Jugar con mi imaginación y llegar hasta el infinito y vuelta, pero volar con el viento en la cara…no. No recuerdo quien decía que si Dios hubiera querido que voláramos nos habría creado con alas, pues yo digo lo mismo. Tengo pánico a las alturas.
    Feliz fin de semana

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    • Supongo que los escritores que ponían a volar a sus personajes intentaban darle un valor simbólico a ese hecho, por eso los cité. Y me acabod e acordar ahora de Bach y su Juan Salvador Gaviota.
      Igualmente, Ana, que tengas buen fin de semana. 🙂

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