Seres imperfectos

Veo algo repelente en el héroe clásico. Supongo que es cuestión de experiencia. Para mí, ésta es una època en la que el hermoso y perfecto mundo de los anuncios publicitarios o de los idealismos caducados son el mejor abono para la desconfianza y el descrédito.

Así que, cuando se me aparece el héroe de toda la vida -en la realidad o en la ficción-, tan perfecto, brillante, tan respetuoso de los valores eternos y de las convenciones pienso de inmediato «A ver qué burra viene a venderme éste».

Con los villanos me pasa lo contrario, el villano clásico me parece un blandengue falto de carácter. Para ser creíble tiene que ser salvaje o inmoral, o ambas cosas a la vez. Hay que tener cuidado al describir al malo de toda la vida y que no parezca un personaje de comedia o de un relato infantil. Aunque puede que solo sea cuestión de gustos y no de una piel castigada por el tiempo y las circunstancias.

Imagen del flautista de Hamelin
Un antihéroe de cuento: el flautista de Hamelin. /La ilustración de Kate Grennaway no tiene restricciones por derechos de autor.

A mí los que me han gustado siempre son los antihéroes, esos seres que no se dejan vencer por un pasado inconfesable, por motivos moralmente discutibles, o por tener una personalidad atípica o antisocial.

Me gustan antihéroes como Edmond Dantes de El Conde de Montecristo, Jean Valjean de Los Miserables, Alonso Quijano de Don Quijote, el capitán Ahab de Moby Dick, Rick Deckard de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Don Gately de La broma infinita.

Son seres imperfectos que lo asumen y no disimulan. Es más fácil para mí identificarme con cualquiera de ellos. Echo en falta en mi memoria, o puede que sea simple ignorancia, ejemplos de antihéroes femeninos, de antiheroínas. Tal vez Odette de Crécy, ese amor de Charles Swann, se ajuste bien a la definición.

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15 comentarios en “Seres imperfectos

  1. Santiago, según mi versión e idea de lo que es una antiheroína puedo nombrarte a las más famosas: Madamme Bovary, Anna Karennina y Catherine, de Cumbres Borrascosas (la mejor, para mí). En mi novela intenté (no sé si lo logré) crear un personaje así y de eso va, un poco, el tema de mi libro que te regalaría con muchísimo gusto si estuviera impreso. También en el libro Los enamoramientos, de Marías, el personaje dista mucho de ser una heroína y es encantador por eso mismo. Tanto María (la narradora) como Luisa (otro personaje de la misma) -y obviamente debí buscar los nombres porque mi memoria me juega en contra- son antiheroínas. Ahora recuerdo otra, Agustina, del libro Delirio, de Laura Restrepo. Entre los libros de Almudena Grandes se encuentran otras. No faltan, no lo crero.
    Un abrazo.

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  2. ¡Qué difícil es ser un buen antihéroe! Es una cuestión de sutiles equilibrios. Por la parte femenina, y además de las dos de de “Los Enamoramientos” que cita Maia, yo hablaría de Caitlin Morán en su propio libro “Cómo ser mujer” y de Marianne Forrester (“Una dama extraviada” de Willa Cather) Este libro, además, es leído por la juez Mariana de Marco, protagonista de las novelas policíacas de Guelbenzu. No sé sí Mariana es una antiheroína; si no lo es, poco le falta.

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    • Serlo creo que es innato. Supongo que quieres decir que lo difícil es caracterizar al personaje al escribirlo, Josetxu.
      Gracias por los ejemplos que citas, tu y Maia me confirmáis que en materia de antiheroínas ando flojito. Salud.

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