Los árboles y el bosque

Hay quien se lamenta de que el fútbol no deja a la gente ver el bosque de la realidad. Discrepo, por supuesto. Como aficionado al fútbol, me gusta ver los partidos en la tele y, cuando puedo -raras veces-, voy al campo.

Oí alguna vez a gente a la que respetaba por cómo escribía -no recuerdo ya sus nombres- lamentarse de la afición al fútbol lo que, en su opinión, narcotizaba a las personas y les impedía tener una visión amplia de la realidad o un pensamiento crítico.

Imagen de espectadores de fútbol
Espectadores de un partido de fútbol entre Bélgica y Holanda (Amberes, 1913) / La imagen no tiene restricciones conodidas por derechos de autor

Siempre que oigo este argumento pienso en la afición de Albert Camus, cómo iba a ver a su equipo, el Paris Saint Germain, al estadio cada vez que podía. El escritor pied noir llegó a jugar en las categorías inferiores del PSG en su juventud, creo que como portero. Y esto no impidió tener una visión amplia de la realidad y un espíritu crítico. Incluso ganó el Nobel por ello.

Y además, el fútbol es un excelente material sobre el que escribir. Recuerdo, por ejemplo, aquel cuento escrito a dos manos por Juan Villoro y Roberto Bolaño protagonizado por un jugador de fútbol africano que realizó no se qué conjuro ancestral para que su equipo ganase la liga una vez y otra y otra hasta que fue traspasado y… bueno, mejor léanlo, que el fútbol no les impida ver los árboles.

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9 comentarios en “Los árboles y el bosque

  1. Aunque esté de acuerdo contigo, no podrás negar que el fútbol atrofia la mente de mucha gente, no por el deporte del 11 contra 11 en sí, que es todo un espectáculo, si no por todo lo que lo rodea: periódicos deportivos, programas de radio y televisión, tertulias, publicidad… En cada uno de ellos se analiza, se especula, se critica, se condena, se ensalza, se santifica…
    En resumen, se desvía la atención (queriendo o sin querer) de temas de máximo interés general hacia temas intrascendentes relacionados con la vida privada de jugadores, con la injusticia de un resultado o con la trascendencia de un pase. El mundo que rodea al fútbol es capaz de absorber, si nos dejamos, todas nuestras energías. Y en el mundo actual esas energías se necesitan para muchas más cosas.
    Para mí es un hecho constatado que esta forma de entender el fútbol perjudica a las personas que lo viven así y a las que las rodean. Gracias.

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    • tú Lisa, yo Conda,

      Dices que “en cada uno de ellos se analiza, se especula, se critica, se condena, se ensalza, se santifica…” ¿no ocurre lo mismo con algunos escritores de gran envergadura en el mundo literarios? ¿no leemos, acaso, con un hambre similar al voyerismo, las biografías y diarios de escritores que admiramos? En lo personal, creo que el límite que diferencia una actividad de la otra es muy fino. También se habla mucho de la injusticia de resultados en contextos literarios, criticamos a sangre fría a autores de best sellers, los condemanos y casi que seríamos capaces de echar sus libros a la hoguera, si nos dejan.
      En toda actividad humana el tema está en el cuánto y el cómo, el qué puede ser cualquier asunto: fútbol, moda, cine, o literatura. ¿es el tennis acaso diferente? no, no lo creo. Resulta que el fútbol es muy popular y nos hemos adiestrado, y ahí sí, atrofiando nuestro cerebro, para separar claramente al erudito, de la plebe. Creo que es una pena.
      Un saludo.

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      • Siento haber herido tu susceptibilidad. Creer y querer hacer creer que el mundo de la Literatura se puede comparar con el del fútbol es un poco osado, pero vale. Los premios literarios y las editoriales manipulan los resultados, rechazan publicar nuevos autores, igual que ocurre con la Música y las radio-fórmulas; y con tantos otros temas, Pero la dimensión del fútbol es mucho más global. No pretendía ofenderos ni a tu marido ni a ti, puesto que no “todos” sufren atrofia por el fútbol, sólo “muchos” y tu marido seguro que es una excepción.y tener pasiones es bueno y recomendable.
        Y como no sé defender mejor mi argumento te dejo que vuelvas a llamar infame mi exposición aunque te diré que no uso las generalizaciones para encorsetar ideas, suelo tener en cuenta que existen excepciones. Para una persona limitada, poco instruida, elitista, snob e infame como yo sirven para entender o explicar mejor las cosas.
        Mi crítica no iba contra las personas, iba contra el sistema que permite y alienta que “muchos” se olviden hasta de que tienen familia por ver si Cristiano Ronaldo o Messi prefieren leer a Umberto Eco o a Salman Rushdie, puesto que ese sistema se beneficia de esa pasión desaforada de “algunos” para aprovecharse de “casi todos”.

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        • No, no me ofendiste. Y mi intención tampoco era ofenderte a ti. Lamento que así haya llegado mi mensaje, de verdad. Es el problema de estos mensajes virtuales en donde uno no puede apreciar el tono de vos del otro. Sólo plantée mi opinión, que no la hace mejor ni peor que la tuya. Son solo eso: opiniones. Nada personal, tú Lisa, yo Conda.
          Un saludo

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  2. Eso es tan infame como decir que una persona a la que le gusta la cultura y el saber, no debe ver programas populares. O que todos los peluqueros son homosexuales. Una generalización infame. Sin ir más lejos, mi marido es uno de los hombres más críticos e inteligentes con los que me he cruzado y, sin embargo, es capaz de levantarse a las tres de la mañana para ver un “clásico” de su equipo favorito. Cuando quedaron en la B, casi llora de tristeza. Si alguien me dice que tiene la mente atrofiada, le diría que revise sus perspectivas consigo mismo, si no será que las actividades “del pueblo”, le resultan, quizá inconscientemente, cierta clase de repulsión.

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  3. Lo primero, muchas gracias a las (supongo que Tu, Lisa… es una mujer aunque no lo sé con seguridad) dos por el debate. Dado que no nos conocemos personalmente ninguno de los tres, podemos partir de la idea de que no hay ninguna aversión personal ni cuenta pendiente entre nosotros, ni sentimientos parecidos. Sé que éstos a veces aparecen en los blogs, pero podemos intentar obviarlos y llevarnos bien dado que os tengo un considerable aprecio aunque solo pueda ser virtual.
    En segundo lugar, respondiendo a Tu, Lisa y su primer comentario. Hay una variable que no introduje y que tal vez hoy día habría hecho variar la manera de pensar de Albert Camus: en el periodo de entreguerras el fútbol no era un fenómeno de masas alimentado por la televisión. Es un matiz importante y es posible que Camus llegara a conclusiones parecidas a las que planteas. En mi opinión si uno reduce su mente a un monocultivo -dígase fútbol, tv o lo que quieras- es posible que termine atrofiando, como dices, su capacidad creativa y de pensamiento crítico. ¿Hay que desacreditar el fútbol por eso? ¿No es una elección libre? A mi me gusta el fútbol y también Rothko y Brahms y Neruda y Seamus Heaney, y los hermanos Coen y John Wayne y Virgilio. Es más un problema educativo, en mi opinión.
    En tercer lugar, respecto al comentario de Maia y la literatura, es cierto que puede ocurrir lo mismo, pero a escala mucho menor porque el acceso a la cultura tiende a ser fragmentado y diverso, por la propia naturaleza de la cultura, que es así. El fútbol es el cliché perfecto y se ha convertido en un negocio multimillonario gracias a la televisión. ¿Te imaginas que la literatura tuviera la misma difusión que el fútbol? ¿Qué tipo de sociedad crearía eso? Pero esto es solo un pensamiento utópico.
    El fondo del asunto es el debate acerca de la cultura popular que tan bien planteó Umberto Eco en “Apocalípticos e integrados”. La cultura está ahí, cualquiera puede acceder, depende de la libre elección de cada uno. Y ¿quién le da a la persona los instrumentos para saber elegir? Yo creo que es la educación, la escuela y los padres, ambos condicionados por las circunstancias económicas.
    Es un debate muy atractivo con el que todos a los que nos gusta la cultura terminamos tirándonos los trastos a la cabeza en lugar de hacer frente común.
    Abrazos a las/os dos.

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  4. Para mí la clave es lo que apunta santiago respecto al monocultivo. Por lo demás, yo no tengo ningún problema en compaginar la lectura con el Athletic, absolutamente ninguno; lo que otros hagan con el fútbol no me importa.
    Además, yo también creo que el fútbol aporta modelos de comportamiento, de valores y referentes que se pueden aplicar a la literatua, la gestión de empresas y a la vida misma.
    Y, por último, diré que si un escritor tan grande como Javier Marías es aficionado al fútbol… (que cada uno/a acabe la frase a su gusto)

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