Efecto repetición

Cuando tuve edad para elegir la música que quería escuchar empecé a convertirme en una especie de obsesivo compulsivo de las grabaciones que llegaban a mis manos.

Entonces, hace treinta años, la música se enlataba en discos de vinilo y en cintas magnéticas, casetes las llamábamos. El primer casete que compré con mi propio dinero fue Breakfast in América de Supertramp.

Las canciones estaban organizadas en dos caras y había que dar la vuelta a la cinta en el magnetofón cada vez que terminaba una de ellas. Lo ponía una y otra vez, las mismas canciones repetidas.

Escuchaba con el mismo ansia toda la música que llegaba a mis manos, sobre todo cintas magnetofónicas que me prestaban los amigos. Agotaba el placer que cada grabación me proporcionaba y luego el casete se quedaba abandonado hasta que mi nivel de saturación volviera a límites razonables.

No es que dejara de gustarme ese grupo o esa música, pero había perdido la frescura necesaria para apreciar su valor.

Image of typewriter pieces
La imagen ha sido cedida al dominio público por Florian Klauer

Al escribir vuelvo una y otra vez sobre las mismas frases, párrafos, secuencias, capítulos enteros. Lo que al principio parecía ingenioso, divertido, trágico u original, a menudo se vuelve aburrido, insulso, trillado y feo.

En estos casos ocurre como con esas cintas magnetofónicas de mi juventud: de tanta repetición, termino por saturar mi juicio y me cuesta saber el valor de lo escrito. Y en algún momento hay que saber confiar en el criterio propio y aceptar el juicio de los lectores.

El humorista Tom Gauld lo expresa con su habitual ingenio en ésta viñeta: The writer and the reader

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3 comentarios en “Efecto repetición

  1. Supertramp, glorioso. Pero al margen de las similitudes que encuentro en tu relato conmigo misma, quisiera recomendarte (por no decir exigirte) que leas el cuento “Dos imágenes en el estanque”, del libro de Giovanni Papini, El piloto ciego. Es la historia breve de un hombre que se encuentra consigo mismo, con lo que era veinte años atrás, y esto le produce. Está en la web y el autor falleció hace más de 50 años, por lo que no creo que se enoje si lo bajas gratuitamente.
    Un saludo, Santiago.

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    • Me provoca cierto rechazo la afinidad que Papini tenía con Benito Mussolini, Maia.
      También intenté leer hace años “Un hombre acabado” y fuí incapaz de terminar el libro.
      Aunque intento no dejarme vencer por los prejuicios, esta vez no estoy por seguir tu recomendación, la verdad.

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      • No lo sabía…olvida mi recomendación. Vaya, qué decepción…qué asco siento de pronto por alguien que hasta hace una hora me producía una grata sensación. Yo no intento vencer ciertos prejuicios, pues no creo que sean previos sino a posteriori, cuando (por lo que leí tras tu comentario) hay pruebas suficientes como para hacerse de un juicio ¿qué sería de nosotros si perdiéramos nuestra capacidad de discernimiento ? Pues no acabaré su libro, no señor. Uffff…

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