Destino: Error 404

Octavio, uno de los protagonistas de Cerca del corazón salvaje, la primera novela que publicó Clarice Lispector, quiere escribir un libro “serio” (sic), un libro acerca de leyes, derecho administrativo, historia o algo así.

Antes de empezar a trabajar cada mañana coge papel en blanco y anota de manera automática todo lo que se le pasa por la cabeza con la pretensión, cuenta la narradora, de limpiar la mente de cualquier idea o pensamiento obsesivo que obstaculice el trabajo encaminado a ese fin.

El hábito de Octavio es una especie de gimnasia matutina con la que suda todo eso que piensa no es útil para su trabajo “serio”.

Y tiene razón, nada de eso sirve para publicar un libro apreciable de leyes o de historia. Hacerlo sería manipular los hechos y las normas que, hasta ese momento, han sido contrastados con documentos que se escribieron con la misma pretensión de seriedad.

Estos libros marcan la frontera de lo imposible, en ellos sólo cabe una parte de la realidad, la que ellos mismos acotan.

La literatura, en cambio, existe en una dimensión diferente. Es el territorio de lo posible: en un libro de poemas, en una novela, en un relato, en drama o en una comedia y hasta en un ensayo cabe cualquier cosa que el autor y el lector sean capaces de imaginar. ¿Eso es real?

Imagen de una sonrisa
La imagen ha sido cedida al dominio público por Ermin Celikovic

Hay un espacio real más o menos compartido por todos, que suele aparecer en los libros “serios” como el que pretende escribir Octavio. En ese espacio convivimos, a trancas y barrancas, pero convivimos.

La literatura representa una realidad individual y, a veces, compartida por la pareja o incluso por un pequeño grupo de personas. Sus palabras topografían personajes, historias, teorías, sentimientos, como un mapa mundi del ser humano.

Ahí caben conocimientos que algún día serán compartidos por todos, verbigracia: leer muchos libros de caballerías termina trastornando el entendimiento.

Pero la mayor parte de la literatura reposará para siempre en una biblioteca llamada olvido. Habrá sido la constatación de posibilidades que quedaron obsoletas, de conocimientos inútiles aunque no menos fantásticos y de ilusiones que prolongaron durante algunos años la capacidad del lector de dejar escapar una sonrisa de placer o una mueca de tristeza.

Pero hubo que hacerlo. Alguien lo imaginó y llenó páginas en blanco con todo eso que le desbordaba la mente y el corazón. Aún hoy lo hacen, con la certeza de que sus libros acabarán en esos estantes como alimento para los bichos o en una pantalla que te responda «Error 404. File not found».

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2 comentarios en “Destino: Error 404

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