Tarde de domingo

Los muelles y los mercados de abastos son lugares de vida nocturna y desolación de sobremesa. Cuando aún es de madrugada bullen por el trajín de personas cargando y descargando mercancías, frutas, verduras, cajas de pescado. Luego, queda un rastro desértico en forma de cajas vacías apiladas, verduras y peces aplastados contra el asfalto o los adoquines, el olor a fruta podrida o pescado que ya ha pasado su punto de cocción al sol de mediodía y esparce ese olor seco y penetrante que rodea las casetas del puerto pesquero.

Por las tardes son un lugar triste y solitario, silencioso, en el que no es difícil imaginar a Otis Redding cantando Sitting on the dock of the bay, viendo balancearse los barcos oxidados junto a los cantiles y alguna gaviota avizor de carroña con escamas.

Dock 1
La imagen ha sido cedida al dominio público por Isnellin

Siempre hay cerca de ellos una cantina. Ignacio Aldecoa la describe a la perfección en Gran Sol: me he visto reflejado en ese niño que garabatea travesuras entre las mesas cuando va a despedir a su padre. Luego -y esto no lo describió el escritor vasco- la he visto desierta, con el último bebedor tambaleante apoyado en la barra, el sol más allá de su cénit, y empieza a caer la tarde.

No va mucha diferencia entre una lonja y un mercado de abastos. Tal vez que la cantina o cantinas que surten al personal de éste último están al otro lado de la calle. Antes de abrir al público, cuando ya se han descargado las hortalizas que vienen de la lonja -en el mercado del que fuí testigo venían de Merca Madrid-, los tenderos están en la barra tomando café o copas de anís o de coñac y comentando las novedades de la jornada o el resultado del partido de fútbol del domingo.

A las cuatro de la tarde no hay ser humano más solitario que un cantinero aburrido leyendo el Interviú que no renueva vete a saber desde qué año.

Los vecinos se refugian en sus casas de barrio obrero, hecho para dormir-trabajar-dormir-trabajar-dormir-trabajar, con su parque solitario un poco más allá del entramado de calles, un parque en el que nunca juegan niños.

Imagen de parque
La imagen ha sido cedida al dominio público por AnnaER

Solo a veces, una mujer pasea a su bebé en el carrito por el suelo de tierra. Ni siquiera hay una pareja besándose en un banco de madera.

En aquel muelle y en aquel mercado y en aquel barrio y en aquel parque era domingo por la tarde todos los días de la semana.

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2 comentarios en “Tarde de domingo

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