Mueve tus dedos

Hay algo circense en el amor no correspondido: el deseo de agradar, con el consiguiente esfuerzo por mostrar lo que uno cree es lo mejor de sí mismo, con independencia de las miradas ajenas, del qué dirán. Es mostrarse abiertamente en medio de la pista.

La primera renuncia es a la intimidad de la declaración de amor, que el amante no correspondido se ve obligado a hacer en público y, en público, ser objeto del desprecio de ella, de él. Es conmovedor el amor de Charles Swann por Odette de Crécy, más aún porque Proust nos lo cuenta.

Desde fuera resulta patético y solo quien ha estado, quien está fieramente enamorado juzga con benevolencia ese comportamiento, esa entrega absoluta. Si es cierto que en los clisés hay verdades escondidas, el que afirma que el amor es ciego es primum inter pares. Sí, desde tiempo inmemorial.

Por eso la tristeza del amante es más honda, más melancólica: en cada acto concede un pedazo de su ser más íntimo, hace una acrobacia mayor, es capaz de saltar del trapecio sin red, meter la cabeza en la boca del león, pintarse la cara de payaso, hacer reir a los niños, acariciar serpientes y tragar fuego.

Larga vida para él, para ella. Que el amor les sea leve.

Anuncios

Comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s