Tragedias mínimas

Suelo pensar, herencia educativa y religiosa supongo, que detrás de una tragedia hay siempre un culpable. Y que éste se convierte en víctima por su comportamiento irresponsable, asocial o vete a saber qué para que todo el mundo diga o piense “algo habrá hecho”.

Debe ser una manera de estar en sociedad, de controlar a través de la conciencia personal la tendencia animal que hay en los genes, el instinto de las personas. Si uno es religioso piensa además que es castigo de Dios.

Pero el azar siempre tira todo este aparato teórico por los suelos, dejándolo en cueros.

Imaginen un señor o señora que va conduciendo con su coche por una autopista, la carretera más segura del país, con los índices de siniestralidad más bajos. Llamémosle Juan o Sara.

Juan o Sara son la pareja ideal, el padre o la madre perfectos, el hijo y la hija ejemplares, no tienen vicios inconfesables, son honrados, trabajadores y ampliamente aceptados por su amabilidad, su simpatía, su buen estar.

Imagen de un automóvil averiado
La foto es de Gerry Balding (Licencia Creative Commons)

Hace calor, más de treinta grados y, vaya, se ha estropeado el aire acondicionado. Juan o Sara abren la ventanilla del coche para no freirse dentro en ese bochornoso día de verano. Sopla además viento, de modo que el automóvil se airea rápidamente y Juan o Sara dejan de sudar en su asiento.

En una milésima de segundo un insecto entra a toda velocidad por la ventanilla y se estampa contra un ojo de Juan o de Sara que están tan tranquilamente manejando el auto a no más de ochenta. Instintivamente él o ella se echa la mano al ojo y pierde el control del vehículo, que se estrella contra la mediana. Juan o Sara muere.

No entro en consideraciones filosóficas o religiosas; son toda suyas si les apetece pensar en ello.

Con el ejemplo sólo pretendía ilustrar que una razón mínima e inexplicable está detrás de la tragedia.

Y a partir de un incidente tan azaroso, el escritor siempre puede desarrollar un conflicto de grandes dimensiones.

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8 comentarios en “Tragedias mínimas

  1. Todo esto me recordó que yo también suelo siempre buscar una razón para las tragedias, y más ahora que estudio sobre algo llamado constelaciones familiares, la teoría dice que las tragedias simplemente son el destino de las personas, ya sea por fidelidad a algún miembro de la familia o algo relacionado con el alma familiar. Entonces siempre que escucho de algo culpo al destino o a los embrollos de los ancestros. Suelo pensar mucho en esas cosas. Muy interesante lo que escribes Santiago 🙂 gracias!
    Saludos desde México.

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    • No puedo creer en el destino, para mí es incompatible con el azar. Creo que buscamos explicaciones porque el azar es muchas veces injusto y, además, se mueve independientemente de la voluntad de las personas, es incontrolable y eso genera mucha frustración. Para un escritor eso es fantástico, resuelve muchos problemas, pero en la vida real es a menudo doloroso.
      Saludos, Lucía 🙂 gracias a tí por pasarte por aquí.

      Le gusta a 1 persona

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