Más allá de la flauta de Iriarte

La emoción del arte está muchas veces en la delicadeza de los detalles. Estos aparecen y desaparecen como destellos fugaces que se escapan sin ser vistos excepto por esa persona que está atento a ellos, el artista.

Para que no pasen desapercibidos, hay que despejar el ambiente, que el ruido no oculte el acorde armónico, que las enredaderas de la mente no ensombrezcan la palabra apropiada, que el color no sucumba a su propia naturaleza.

Imagen de piano jazz
Foto: Ramón Pérez Terrasa (Licencia Creative commons)

A veces, como dijo Tomás de Iriarte, suena la flauta, es cierto, pero casi siempre el arte aparece tras la perseverancia y el laboreo día a día, trabajo de jardinero.

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