Mala conciencia

Había que ir al confesionario, no existía química capaz de resolver problemas de ese jaez. Quizá un buen trago de whisky sirviera de alivio durante algún tiempo. Y con esa palanca, proponerse una serie de paréntesis sucesivos, segmentos de olvido, la vida como la línea discontinua de la carretera.

No resisto la tentación de imaginar al redactor del anuncio, si sería religioso o no, ¿bebedor?, ¿soltero, casado, divorciado?, pensar en cuántos hijos vivían bajo su responsabilidad-si era padre- o si el banco le acosaba a causa de las deudas y cómo accionaría al respecto. Daría por cierto que se sentía culpable, o conocía a alguien cercano que sufría por eso, o el párroco del pueblo era demasiado quisquilloso y tronaba en mitad de la calle cuando se cruzaba con él “¡Confiésate!, ¡Te quiero ver en la iglesia el domingo! ¡Pon tu alma a salvo del infierno!”. Como si no hubiera suficientes infiernos aquí en la tierra. Tal vez le daba igual.

Cuando la imaginación empieza a trabajar llego a entender  lo que decía el escritor John Banville sobre su peculiar mecanismo.

El redactor ya no es el personaje real que escribió éste anuncio, es otro ser hecho a la medida de mi pensamiento.

Imagen de un viejo anuncio
Foto: Colección digital de la Biblioteca de Carolina del Norte (EEUU) /Licencia creative commons

Lo puedo describir como un pilluelo soñador, los ojos entornados en busca de respuestas sobre la persona que tiene enfrente, un encantador de serpientes capaz de hipnotizarse en un espejo con el deseo imposible de escontrar el elixir que cura la mala conciencia. Con los años debió aprender a perdonarse a sí mismo, único remedio conocido para los agnósticos, o a convivir con esa carga, lo que acortaría su vida y la haría más difícil. A pesar de sus ojos azules y su sonrisa franca de sureño paciente.

“Radium Spray. Cleans Everything but A Guilty Conscience”. El espray de radio que lo cura todo menos una conciencia culpable. Mata mosquitos y previene del cólera. Si pudiera ser real, mi personaje inventaría también un espray que volviera inteligentes a los imbéciles. Y así con todo.

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