Colgar una ventana en la pared

Entre los conocimientos vedados a las personas corrientes, pobres desgraciados y muertos de hambre como el que escribe estas líneas, está el saber qué se siente al colgar en una de las habitaciones de casa la obra de un gran artista.

Tal vez no difiera mucho adornar una de las paredes de tu vida con un gouache de René Magritte que con una acuarela dibujada con todo su cariño por un artista tan pobre y desconocido como lo puedas ser tú y que ha tenido la delicadeza de regalarte su última creación.

Imagen de L'Etat de Veille de René Magritte
L’État de Veille de René Magritte

El primero te permitirá fardar con las visitas y con los amigos y decirles que tienes colgado “un Magritte” en casa -lo que, posiblemente, te obligue de paso a contratar un seguro y una alarma con una agencia de seguridad privada- y, si hay mucha confianza, hasta les dirás los miles, decenas de miles de euros-dolares-pesos que has invertido en esa obra maestra. Porque, antes que nada, es una inversión, que quede claro, un seguro de vida, un asidero ante lo que pueda pasar en el futuro.

En el segundo, el amigo, la amiga siempre será más valiosa que la propia obra, transformada en una muestra de cariño con textura de acuarela, su amistad, tangible, real, incalculable.

Otra cosa es disfrutar del arte. No me imagino a mí mismo, después de cenar, de pie frente a mi gouache, noche tras noche, paladeando los detalles del genial artista belga como si fuera el último capítulo de la serie televisiva de moda o una copa de brandy. Aunque he de confesar mi envidia por no poder hacerlo de vez en cuando. Y quien dice “un Magritte” dice cualquier otro.

Y no hay nada que pueda hacer al respecto. Parafraseando a Rick Blaine en Casablanca, siempre me quedará la literatura.

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10 comentarios en “Colgar una ventana en la pared

  1. Nunca sabemos quienes son los corrientes, pobres desgraciados y muertos de hambre, a veces son los verdaderos reyes y en ocasiones se presentan personas con atuendos de reyes y son ellos los corrientes, pobres y desgraciados. Los únicos que no pueden engañar con las apariencias, son los “seres”, no las personas, “mensch”. En este ambiente, todo es teatro, juegos de luces y sombras se hace difícil distinguir las diferencias. Un abrazo Santi, Paz

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    • Un rey puede ser desgraciado, pero dudo que sea un muerto de hambre, Paz. Un rey tiene la posibilidad de contemplar en el salón de su palacio la obra de arte de un maestro.
      Son estos quienes tienen la capacidad de desvelar lo que hay oculto tras las máscaras del teatro, tanto en las bellas artes como en la literatura. Un abrazo.

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