El árbol caído

La extraña dignidad del árbol caído, la nobleza de sus años arrugados, apoyados en la tierra, que ya siente temblorosa, destino seguro e inevitable cuando llegue el último instante. Una dignidad extraña, tozuda como el sol de cada mañana, perseverante como las ganas de vivir.

Imagen de un arbol caido
Foto: Santiago Pérez

Ahí pervive a pesar de los años, de la intemperie, de los parásitos, de la enfermedad del tiempo y de la verdadera, impertérrito, noble arcano, sintiendo el aire y regalando hojas y cortezas a la vista, al tacto de los niños, que acarician sus ramas con la devoción de los dedos infantiles al sondear las manos de los abuelos, que los ven crecer jóvenes, flexibles, tan vivos como él, como ella, y sin embargo, tan lejos como una vida.

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