Alegato contra ridículos poemas marinos

Cuando la mar es como el infierno, hay poemas que se tornan ridículos. Hay que ir más allá de la apariencia. La hermosura de la mar, desabrida como un caballo negro desbocado en medio de la tormenta, no reside en el paisaje —Buque Garthsnaid, 1920, como podía ser cualquier otro paisaje marino— sino en su proteica naturaleza.

Imagen de una tormenta en la mar
Foto: Alexander Harper Turner / Sin restricciones por derechos de autor / Digitalizada por la Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda.

Coincide en esa capacidad de cambio con la naturaleza del desierto. Mutante y solitario como ella, su belleza es esquiva e hipnótica, refractaria a la soberbia. Para convivir con la muerte, esa acompañante que susurra cada mañana «hoy eres un poco más viejo que ayer» hay que ser humilde, un valor desconocido por los cobardes.
Esos cuatro hombres son testimonio de ello.

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6 comentarios en “Alegato contra ridículos poemas marinos

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