Un sol desconocido

La luz tiene memoria. Un tumultuoso atardecer de verano o un suburbial mediodía de noviembre contienen los ingredientes necesarios para enfocar una aventura, si convienen conmigo que toda historia lo es, tanto si provoca el llanto como la risa.

Como en el cine o en la pintura, la luz es un elemento esencial de un texto escrito. La luz revela emociones ocultas en el corazón de las personas. Consciente o inconscientemente los recuerdos están asociados a una determinada luz, la que cada momento reclama, da igual que sea plena, acaricie tenue o viva ausente. Puede hacernos amar una novela u odiarla, reclamar un poema casi como si fuera propio o detestarlo por exánime.

Imagen de la luz
Foto: Dani Sardá i Lizarán (CC BY-NC-SA)

Se podría decir de cada persona que tiene su luz favorita. Hay quien ama el romanticismo de las candilejas, quien se arropa en el misterio de la noche o quien alucina con el sol de la mañana. Durante años viví atrapado en la luz gris de las nubes de lluvia, ese lugar que amarra barcos al cantil de los muelles, estrella sales blancas en los acantilados y hace reposar —ya para siempre— una mejilla cálida en mi hombro bajo un soñoliento paraguas negro.

Prueben a imaginar la suya, la luz íntima que aviva sus tardes tristes o el brillo radiante en el que resplandecen sus ratos felices. Tal vez aún no la conozcan. Esa luz está a la espera de ser descubierta, un sol desconocido, pugnaz como una semilla, feraz y rotundo como el comienzo del día.

Anuncios

4 comentarios en “Un sol desconocido

Comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s