Buenos augurios

Este invierno recién empezado en el sur, en el sur en el que vive el que esto escribe, que está en el hemisferio norte —una paradoja más, como tantas otras advierten que no se debe dar nada por seguro, ningún sentido como absoluto—, mi marmota particular no tiene sueño. Así que la primavera llegará antes de lo previsto. Sigue el mismo método que su colega Phil de Punxsutawney, que ya dirá el dos de febrero próximo si coincidimos o no. Es uno de los hitos del año que entra. Debe serlo porque se repite desde hace más de un siglo y ya se sabe que cuando mucha gente se junta porque algo le gusta raro es que se equivoquen.

Pero mucho antes que la marmota Phil hubo famosos augures que eran consultados por políticos, prohombres y economistas. El más conocido es el oráculo de Delfos, atendido en su época de apogeo hasta por tres pitonisas. El futuro siempre dió mucho trabajo. Y, más de andar por casa, no se puede olvidar la costumbre de destripar animales para saber qué iba a ocurrir pasado mañana, documentada hasta en los tebeos de Astérix.

Hoy en día ya no son necesarios trances psicosomáticos inducidos por un empacho de laurel silvestre, ni vísceras de animales sacrificados, para intentar adivinar qué va a pasar en el futuro próximo. Se recurre a aproximaciones más o menos científicas. Buenos ejemplos son la elaboración de pronósticos meteorológicos, los índices bursátiles o los sondeos políticos que, a mi modesto juicio, vienen a ser una versión informatizada de la famosa marmota.

Imagen de marmota
Foto: Matt MacGillivray (CC BY 2.0)

Al hombre, en general, le cuesta creer en sí mismo, en sus propias posibilidades, así que recurre a los apoyos de siempre, a las señales que emite la naturaleza, que en su origen tenían sentido porque ayudaban, en el caso de la marmota, por ejemplo, a saber el momento más apropiado para la siembra. Con el tiempo y la conversión del animal en mito, se deforma su propósito originario. Algo así debió ocurrir con Delfos y de unos años para acá con los índices bursátiles, pura estadística. Ya saben lo que escribió el poeta Nicanor Parra acerca de la estadística.

Si tuviera que romper una lanza a favor de alguno de estos sistemas modernos de adivinación de lo cotidiano, me quedaría con el pronóstico del tiempo, aunque a veces falle y el sol dibujado en el croma termine siendo en realidad un gran chubasco que te pilla en mitad de ningún lado sin paraguas. Pero sus aproximaciones son fidedignas con frecuencia y, por cierto, constituyen uno de los espacios de mayor audiencia de televisión. Raro es que todavía no entrevisten a políticos en algún hueco del programa dedicado a las isobaras.

Mi marmota dice que la primavera se adelantará en 2015. Ya sé que no es tan famosa como la de Punxsutawney, que no habrá millones de personas mirando por televisión su cara legañosa una helada mañana de febrero, pero puestos a creer, cada uno cree en lo que le da la gana, ¿no? Y mi marmota, al menos, no se repìte día tras día como la pesadilla de Bill Murray.

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7 comentarios en “Buenos augurios

  1. Excelente narración, Santiago. El hombre… Bueno: ¡qué más decir de esta especie de locos! Me voy contento de haber leído algo muy atractivo. Voy a seguir leyéndote. Te sigo. Un abrazo.

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