Anna y el opio

Es extrema la sencillez con la que está escrita Anna Karenina de Lev Tolstoi. Sólo es necesario saber leer para comprender la novela. Y no es un cuento de niños, desde luego. Todo está expuesto como un río que fluye sin obstáculos, a veces de manera tumultuosa, a veces suavemente, como una leve brisa. Si el lector ha de poner algo de su parte es cierta empatía hacia el comportamiento de Anna, lo que no es difícil para quien hay estado enamorado alguna vez.

El dilema de Anna, tener que elegir entre el conde Wronsky y su hijo Sergio, me recordó a veces esos crímenes que se cometen hoy día en los que un marido despechado intenta lastimar a su ex pareja dañando al hijo de ambos, o viceversa. Es terrible y trágico, porque el dilema no tiene solución en la sociedad de la época. Hoy debería ser distinto.

Imagen de Anna Karenina
Imagen: Portland Center Stage (CC BY-NC 2.0)

El impulso inicial de Alejo, el marido de Anna, no es, sin embargo impedirle ver a su hijo. El marido despechado, dispuesto en principio a ceder a las peticiones de ella, cambia de opinión por influencia de una amiga de la alta sociedad. La convención social, lo que es socialmente aceptable, se impone. Y a Sergio le cuentan una mentira, que su madre ¡ha muerto!.

Anna Karenina tiene una hermosa personalidad femenina que se complementa con elegancia con la descripción de su belleza que hace Tolstoi. Tiene el carácter necesario como para no dejarse derribar por las convenciones sociales de la época. Al menos durante un tiempo. La esperanza de poder recuperar a su hijo y el amor que siente por Wronsky refuerzan su resistencia.

Sin embargo, la duda —la sutil forma de plantearlo de Tolstoi es sello de su maestría—, que actúa con el tiempo de manera lenta pero constante, acabarán con la numantina defensa que hace de su propia vida.

En éste punto está uno de los aspectos que más me llamaron la atención de la novela. Llega un momento en el que Anna debe recurrir a la morfina para poder dormir por las noches, sobre todo cuando no está Wronsky en casa, aunque conforme avanzan los días, el consumo se hace habitual.

Imagen de la morfina
La morfina, obra de Santiago Rusiñol.

Desde el momento en el que introduce la droga en la trama, Tolstoi, hábilmente, empieza a trastornar los pensamientos y los diálogos de Anna. Cuando está despierta y no ha tomado la sustancia química. Nos describe pensamientos obsesivos que se repiten de manera compulsiva y que la hacen comportarse de forma irracional. Todo lo que sigue es la etapa final del descenso a los infiernos de la protagonista.

A mi modo de ver hay en esta obra una mezcla de sencillez formal y de paranoia en el caracter y reacciones de varios de sus personajes  —inducida por uno o varios agentes externos, es cierto, pero siempre o casi siempre es así, ¿no?— que la hacen seductoramente moderna.

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14 comentarios en “Anna y el opio

  1. No recuerdo el momento que nombras de la morfina. Pero recuerdo a los personajes -no sus nombres, yo no recuerdo nombres-, sus actitudes, sus sentimientos, sus jugadas e intríngulis, como si los hubiera conocido en mi propia vida. Obra maestra de la literatura y la condición humana.

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  2. Creo que acabas de convencerme a incorporarla a mis lecturas para este año. Es de esos libros que uno siempre va posponiendo… De no haber conocido la trama, me hubiera enterado de buena parte por esta reseña.
    ¡Gracias!

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  3. Es comprensible que lo hicieras; es difícil no decir de más cuando se quiere tocar un tema específico dentro de un texto. Como te decía, tu reseña me movió lo suficiente como para proponerme leerla pronto y eso es un gran punto a favor, ¿no crees? ¡Saludos!

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  4. Resulta curioso que la afinidad de los críticos con la protagonista haya cambiado sustancialmente con los años. Ana fue en primer lugar objeto de la aversión del público (aversión, creo yo, motivada por la crítica), para pasar a ser sentimentalmente próxima, casi heroína. Esto se pone también de manifiesto en las películas que Hollywood ha regalado al tema. Recuero una muy antigua (aunque no recuerdo sus protagonistas) en la que Ana aparecía casi como una perversa, mientras que las más recientes la sitúan muy próxima al expectador.
    También es de destacar la relación entre Levin y Kitty, es decir, la relación real de Tolstoy con su mujer Sonia, como ejemplo del desapego León del mundo de la gran ciudad y las muestras de riqueza, papel que ya introdujo en Guerra y Paz con Pedro, también él mismo.
    Muy buen análisis de la obra. Un saludo

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    • Kostia me pareció uno de los personajes más originales de la historia: un outsider instalado en la tradición, no se comporta como los demás propietarios pero no renuncia a su posición. Y su carácter tiene una timidez encantadora. Su relación con Kitty también tiene cierto cariz paranoico que el autor hace desaparecer siempre con un diálogo reconciliador entre ambos. Una hermosa historia de amor, sí.
      No puedo añadir más a tu comentario acerca del tratamiento que el cine ha dado a ésta novela, no he visto las versiones cinematográficas, pero la evolución que comentas es natural, puesto que han pasado más de cien años y la sociedad está cambiando en la concepción del papel de la mujer.
      Saludos.

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  5. Leí a Madame Bovary y, aunque la historia me pareció interesante, en ocasiones la lectura me resultaba farragosa con un estilo tan sumamente descriptivo. Por eso no me he atrevido con otras lecturas que abordan la misma temática, como Anna Karenina, por pensar que me pueda ocurrir lo mismo. ¿Son comparables una y otra en cuanto a estilo?

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    • Las motivaciones de Emma Bovary son distintas a las de Anna Karenina, como es distinta la personalidad de ambas mujeres, aunque el resultado final de ambas peripecias sea tan parecido. No estoy de acuerdo en que ambas novelas aborden el mismo tema.
      Respecto al estilo, así a bote pronto tengo la impresión de que el lenguaje de Tolstoi es más sencillo, pero sus descripciones son precisas y potentes como las de Flaubert.

      Le gusta a 1 persona

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