Últimos deseos

La serpiente duerme hasta que llegan los turistas
curiosos extranjeros en busca de sensaciones
Suena la música y el humo verde de su piel se alza
lento con la morosa languidez de quien entrega
la sabiduría de venenos que limitan con la muerte

El viejo faquir tiene un trato, de común acuerdo
la supervivencia de quienes arrastran la tierra
promesa que ambos cumplirán aunque sea endeble,
es decir, válida hasta el aliento de los pulmones
o la habilidad de sus dedos para dispersar la magia

Cuando la melodía devenga en imposible recuerdo
ella se desvelará una noche, sinuosa, rastrera
saldrá de la cesta, buscará sus párpados, cerrados
aunque no duerma, y le entregará el último deseo
el arcano, el tácito sueño de no volver a despertar

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