Tertulias silenciosas

En España, supongo que en todo el ámbito del sur —un concepto geográfico discutible en este espacio de horizontes ampliados en el que vivimos—, es costumbre sacar a la puerta de casa, al caer la noche, la silla e iniciar la tertulia en busca de algo de aire fresco. A menudo he observado, desde la ventana del autobús en el que viajaba, al atravesar pequeños pueblos del camino, a los vecinos sentados a las puertas de las fincas, en ocasiones hablando animadamente, otras silenciosos, observando a las personas y vehículos que cruzaban ante sus ojos. A estas últimas las llamo las tertulias silenciosas: todos miran, todos piensan, y todos callan al mismo tiempo, a la espera de la palabra chispa que desencadene la conversación.

Crecí en la parte moderna de Cádiz, en los barrios donde en los sesenta y setenta se construyeron edificios de pisos, pequeñas torres de nueve o diez plantas con un solo portal. Un solo portal en un edificio con tantas viviendas es un lugar demasiado pequeño para tantos vecinos. El progreso a veces achica nuestro espacio vital comunitario. Sin embargo, mis padres tuvieron la suerte de adquirir su vivienda de protección oficial frente al mar. La fachada solo, pues las ventanas de la casa dan a sendos patios interiores en los que no se ve el mar, aunque en el silencio de la madrugada recuerdo haber escuchado el batir de las olas en la playa, a esas horas lechosas de verano, cercanas ya al día, en las que aún no me decidía a dejar para más tarde el libro que estaba leyendo.

Silencio
Foto: Santiago Pérez Malvido

Justo delante de la fachada donde aún vive mi madre hay un murete de obra coronado de sillares de piedra ostionera —una roca porosa natural en esta costa— que llega, más o menos, a la altura de las rodillas. De modo inevitable se convirtió en el banquillo de piedra de los vecinos y sus tertulias. Recuerdo haber pasado allí horas con otros niños jugando al ajedrez, escuchando la radio a pilas, cantando o, simplemente, mirando en silencio al mar o a los caminantes. Luego crecí y me marché. El amor busca siempre un espacio íntimo, apartado de las miradas escrutadoras de los demás. No volví a participar nunca en esas tertulias a las puertas de casa. Rara vez me paro a hablar con algún vecino, pocas. Las reuniones de sillas de enea o de piedra ahora son ya completamente silenciosas, una costumbre lejana que no estoy muy seguro de añorar.

Otros espacios de encuentro, reales y virtuales, han sustituido a esas tertulias y cumplen la misma función de compartir la vida a través de la palabra. Quizá por eso no sea tanto añoranza sino curiosidad testimonial mi afán momentáneo de escribir sobre ello, la necesidad de plasmar por escrito una manera de vivir que sigue existiendo no sólo aquí, sino en muchos otros lugares del mundo y de la que yo también participé un día. Si algo echo en falta de esas tertulias es la expresividad de los gestos, involuntarios, delatores, la textura de las voces, su musicalidad, y el color de los ojos, silenciosos, que lo decían todo al mirar.

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6 comentarios en “Tertulias silenciosas

  1. Niños que juegan al ajedrez…. Eso es muy bueno para el niño, despierta su inteligencia, pero no creo que sea costumbre hoy en día, ojalá lo fuese, al menos un poco…

    Si, es cierto que esta costumbre sucede en otros lugares del mundo, Incluso donde vivo en los usa, el porche tan típico de las casas más bonitas no es sino un recurso para no perder este hábito cuando hace buen tiempo. Uno puede pasar toda la noche sentado en un balancín en el porche, tocar la guitarra, poner velas y charlar con los amigos… Y también existe la silla en la calle misma en otros países, tan típico aunque lo he vivido por fuera, observando, no formando parte de ello . Un gran ejemplo es Cuba. Un saludo!

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  2. Que curioso yo nunca fui de los niños que tenian amigos en la cuadra, y hasta la fecha pero si he hecho lazos con las personas que a veces solo pasaban saludando en el último año se han detenido y hemos tenido conversaciones muy padres y otros me han invitado a tomar un café y noto como tu dices esas muecas, gestos y expresiones que me dejan con un gran sabor de boca, además de la plática.
    Me ha gustado tu forma de Expresar esa tertulia que debería existir más, imagino lugares donde la gente vive a diario esa convivencia

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