Una soledad demasiado ruidosa

Una de las actividades más gozosas que te proporciona el tiempo es escribir, pasados los años, de los libros que fueron una vez prohibidos. Te ves como testigo de todo el proceso, desde el bloqueo inicial hasta la difusión internacional sin trabas, y sientes la satisfacción de saber que hay ocasiones en que la vesania del poder es impotente más allá de su propio tiempo caduco.

Una soledad demasiado ruidosa se publicó en 1977 en la Checoslovaquia soviética por el sistema del samizdat, un método clandestino que, aunque suponía tiradas reducidas, de mala calidad, y de distribución mano a mano y con mucho ojo para no acabar encarcelado, permitía al menos la difusión inicial de la obra.

No era la primera novela de Bohumil Hrabal, quien ya había publicado con éxito otros trabajos, como Trenes rigurosamente vigilados. El autor fue laminado por el poder por sumarse a un manifiesto a favor de la Primavera de Praga, el movimiento en favor de las libertades públicas que en 1968 se enfrentó a los postulados socialistas que ahogaban a la sociedad checa. La prohibición no sirvió de nada. La obra se publicó y, con el paso de los años, alcanzó fama internacional.

Bohumil_Hrabal
Bohumil Hrabal Foto: Hana Hamplová (CC BY-SA 3.0)

Hanta, el protagonista, es un personaje realmente peculiar. Un obrero que lleva treinta y cinco años compactando balas de papel de desecho y libros viejos en una pequeña prensa de Praga. Hanta se esfuerza por hacer de cada bala de papel un hermoso paquete, aún a pesar de saber lo inútil de su afán de embellecerlas, pues todas serán disueltas en ácido para renacer en forma de papel virgen. En todo este tiempo ha ido rescatando libros destinados a convertirse en papel reciclado y los ha ido acumulando en su casa, regalándolos a los amigos, leyéndolos:

…todos los inquisidores del mundo queman los libros en vano, porque cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo.”

Hanta bebe cerveza en cantidades industriales y en sus ratos libres, en la soledad, lee a Kant, Hofmannsthal, Schiller, Hegel, Novalis, Goethe, Nieztsche, Hölderlin (todos ellos autores alemanes que la gente desecha; la segunda guerra mundial aún sigue a flor de piel). Mientras trabaja, recuerda, reflexiona. De esos recuerdos y reflexiones Hrabal va componiendo la novela de un obrero culto a su pesar, solitario, herido por su propia historia vital, la guerra, las deportaciones nazis y, ahora, el progreso.

No sé si hubo un tiempo en la historia de Europa en el que existió un ser humano igual a Hanta. Tal vez se acerca mucho a lo que fue la clase obrera aquellos años. Para mí es difícil identificarme con el personaje. Sin embargo no estoy tan ciego como para no ver en él la hermosura de la sencillez, para no reirme con su ironía cargada de sarcasmo, y para no entristecerme con la crueldad que acompaña tantas veces al destino.

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