Se vende librería de lance

Este librero no es exactamente igual que Hanta, el personaje de Una soledad demasiado ruidosa que comentaba en la entrada anterior, pero como él tiene los rasgos de habitante de un mundo a punto de extinguirse. Él mismo, sin darse cuenta tal vez, lo reconoce cuando afirma que los jóvenes que entran en su tienda no saben cómo manejar el caos de una librería de segunda mano, acostumbrados a los grandes supermercados del libro que existen en Estados Unidos como Barnes&Noble, dónde están todos ordenados minuciosamente.

John Scioli no lo dice, pero seguramente lo sabe: la sorpresa, el deslumbramiento del hallazgo inesperado, la excitación de tener entre las manos un libro raro o descatalogado —es decir, desaparecido a efectos comerciales, inalcanzable para el lector de a pie que desee manosearlo, anotarlo, consultarlo una madrugada de insomnio—, constituyen el alma viva de una librería de lance. Si los libros se ordenaran alfabéticamente en estanterías se acabaría el hechizo. A un usuario con prisas le parecerá una estupidez y una pérdida de tiempo. Es posible, pero en ese juego involuntario del escondite hay mucho de complicidad con la historia de los libros y con uno mismo.

Scioli-bookstore
John Scioli (derecha) y un amigo charlan a las puertas de su librería (Foto: Scott Heins / Gothamist)

Este habitante de Brooklyn de 69 años con cara de actor de cine aprendió a respetar los libros después de empezar a venderlos, como el autor de la novela de Hrabal casi empezó a leer después de rescatar ejemplares de la prensa de papel. Y tiene ciertos rasgos de tratante de zoco, no solo porque en su tienda venda otros objetos, sino porque escoge el precio de cada volúmen arbitrariamente. Imagino al lector entregándole un ejemplar y preguntando cuánto cuesta, al comerciante mirándole fíjamente a los ojos para adivinar hasta donde llega su interés. Hay un regateo de voluntades ocultas. Scioli, como un augur de Samarkanda, hurga en las entrañas del pájaro que quiere llevarse uno de sus libros a casa, intenta adivinar un precio justo para ambas partes. El pájaro mira distraido otros libros que hay sobre la mesa y que no le interesan, temeroso de que sus ojos sean demasiado transparentes. Después le oigo alzar la voz: “Dos dólares”. Una sonrisa común.

Ahora se jubila. Venderá los libros que pueda y los demás los regalará. Sin embargo, según han publicado en medios estadounidenses, se retira millonario. Vende el edificio, 212 Court Street, en cuyos bajos se asienta la librería por 5’5 millones de dólares. Afirma que quiere retirarse en la costa azul francesa, donde hace años, dice, conoció a varias mujeres rusas. Un destino de sol mediterráneo y pastis. Sabio.

Más información y más fotografías en: John Scioli, Brooklyn’s most eccentric book seller, explains why he’s cashing out

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2 comentarios en “Se vende librería de lance

  1. Hay que reconocer que no hay nada más relajante que pasearte por una librería de segunda mano y pasar horas revisiteando todas las estanterías, si no encuentras algo interesante es que no sabes lo que te gusta leer, por que haber hay siempre muchos ejemplares muy, pero que muy interesantes.

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