Crónica de un reencuentro

Dice la editorial que éste, Los turistas (Galaxia Gutenberg, 2015), es un libro sobre viajeros. Es posible. Incluso hay un particular recuerdo del autor , Jorge Carrión (Tarragona, 1976), a Kavafis en sus páginas. Pero, ¿qué novela no es una historia de viajeros? ¿qué vida particular de cualquier personaje no es un viaje, con o sin propósito definido?

El lector es ya de por sí un viajero empedernido, aunque no haya logrado moverse del sitio. Un ser a quien le apasiona visitar lugares exóticos o prosaicos, sentir en los oídos que existen otros lenguajes, en la piel la mirada de otras gentes, aprender los matices de luz de cada hora del día, el empedrado de las calles en los pies, el perfil colonial o modernista de los edificios, la antiguedad de sus piedras, su tacto áspero o pulimentado por los años, el genius loci, la sonrisa de su día a día, la melancolía que acompaña a la caída del sol, la excitación ansiosa de la noche. Si un lector tuviera la posibilidad de viajar sin limitación alguna y sin reparar en gastos, si dispusiera del dinero, la juventud o la falta de ataduras necesaria para hacerlo, estaría una buena temporada de su vida saltando de ciudad en ciudad, incansable, de país en país.
Los-turistas-Jorge-Carrion
El protagonista de esta novela tiene esa posibilidad, pero está atrapado en un duelo desde hace diez años, en una especie de estado de shock permanente que le lleva cada mañana al aeropuerto de Heathrow donde se sienta a observar a las personas e intentar adivinar sus vidas. Hasta que pasa ante él una anciana que se le presenta completamente opaca y decide perseguirla por medio mundo. Al romper su rutina de una década, Vincent comienza un viaje alrededor del mundo que acaba en una suerte de reencuentro o reconciliación consigo mismo.

No es una novela abstracta, ocurren muchas cosas, peripecias de las que pocas personas pueden hablar por haberlas vivido en carne propia, y se suceden unas a otras con un ritmo narrativo vertiginoso que engancha. No hay huecos ni justificaciones innecesarias. Todo encaja con naturalidad, por improbable que parezca. Y el lenguaje se adhiere a la historia como un adhesivo colocado con delicadeza, sin burbujas de aire que revelen descuido o simpleza: frases cortas, sugerentes, atractivas, escritas sin pedantería, con una adjetivación sencilla y elegante.

A veces a las personas les suceden cosa inexplicables, a veces esas personas acaban siendo protagonistas de historias de ficción y, a veces también, el autor se aprovecha de la historia que está escribiendo para intentar buscar una explicación o incluso una autoexculpación. No es el caso de éste libro. A mi entender, hay una zona oscura del protagonista que Jorge Carrión o bien oculta o bien no ha querido desarrollar. Está bien, es su derecho. Y es precisamente esa zona la que queda totalmente a disposición de la imaginación y de las vivencias personales de cada lector, de cada viajero.

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2 comentarios en “Crónica de un reencuentro

    • En las estaciones de tren suele haber un quiosco en el que, además de revistas, venden libros. Ocurre igual en los aeropuertos y en algunas estaciones de bus. En algunos países hay incluso máquinas automáticas de libros en las estaciones de metro. Sí, como bien dices, son casi dos verbos sinónimos.

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