El relato de un trotamundos

Las nieves del Kilimanjaro es uno de los relatos cortos que más me gustan de Ernest Hemingway: Lo protagoniza un escritor a punto de morir. Con plena conciencia de que el resultado final es irreversible rememora las historias, las anécdotas, a las personas sobre las que le hubiera gustado escribir.

El trasfondo son las propias experiencias vividas por el autor estadounidense, como ocurre en tantos de sus relatos. El moribundo está acompañado por varios criados y por su mujer, una rica millonaria a la que desprecia y con quien mantiene una agria y permanente discusión sobre el sentido práctico de mantenerse vivo en tales circunstancias.

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Mary Welsh y Ernest Hemingway en Africa, 1953-54 / Ernest Hemingway Photograph Collection, John F. Kennedy Presidential Library and Museum / Dominio público

Hemingway escribe con maestría la estúpida contradiccion, el sinsentido del azar de morirse cuando uno está en plenas facultades vitales; morir como consecuencia de un accidente banal, de una imprudencia debida a un poso de soberbia juvenil y, como un extraño sarcasmo del destino, hacerlo en uno de los parajes más bellos que existen en el mundo.

En paralelo, sus recuerdos, sus pensamientos, van mostrando al lector todas las historias que no escribió, pero no sabe explicarse por qué no lo hizo. Todo lo más aventura:

“Ya no escribiría nunca las cosas que había dejado para cuando tuviera la experiencia suficiente para escribirlas. Y tampoco vería su fracaso a tratar de hacerlo. Quizá fuesen cosas que uno nunca puede escribir, y por eso las va postergando una y otra vez.”

El trotamundos recuerda con melancolía, postrado en un catre de campaña, los episodios de los que fue testigo, pero no tanto con añoranza como con rabia por no poder dejar constancia de ellos.

Las nieves del Kilimanjaro fue llevada al cine en 1952 protagonizada por Gregory Peck y Ava Gardner, entre otros, y obtuvo dos nominaciones a los óscar. Curiosamente, ese mismo año Hemingway se fue de safari a Africa con la que fue su última esposa, Mary Welsh. Sufrió dos accidentes aéreos en los que recibió heridas graves que dejaron secuelas en su salud el resto de su vida.

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