Paseos en la nieve

Uno de los libros que más me impresionaron este año fue Paseos con Robert Walser de Carl Seelig. Me conmovió, y probablemente le ha ocurrido a todos los que lo han leído, el perfil personal del escritor: reservado, silencioso, sencillo, pobre, y sobre esta base, cierto carácter indómito e independiente, una manera de vivir la literatura y la escritura insobornable y, al mismo tiempo, descreída de su valor. Pero esto no es exacto del todo, sino una mera aproximación. La literatura debió ser para el autor suizo como el aire, algo absolutamente necesario para vivir y al mismo tiempo algo que convive con nosotros a cada segundo sin darnos cuenta de ello, de su necesidad, de su importancia.

Carl Seelig, filántropo, escritor y periodista, cuenta detalles de sus paseos con Walser, que se encuentra recluido en la clínica psiquiátrica de Herisau. Son largas caminatas que ambos comparten desde 1936, espaciadas a lo largo del año. Paseos kilométricos por carreteras solitarias durante la segunda guerra mundial, fondas en las que escasea la comida, parquedad de palabras y, sin embargo, fidelidad al escritor, a su manera de pensar. Luego, acabada la guerra, las carreteras se van poblando de gente, llega la paz, se atisba cierta prosperidad y, al mismo tiempo, poco a poco, el deterioro del caminante.

Huellas en la nieve
Foto: dietmaha – Pixabay / CC0 Public Domain

Más que sus opiniones sobre la literatura y los escritores que leyó y amó, me interesaron los detalles que Seelig revela de su comportamiento y de su entorno. Estos eran los últimos años de su vida. Walser, que salía a caminar todos los días a pesar del frío, la lluvia o la nieve, fue encontrado muerto a causa de un ataque cardíaco en una de estas salidas solitarias, el día de Navidad de 1956.
La Navidad de dos años antes paseaba con Seelig, que cuenta ésta anécdota de aquel día:

“Pocas veces la sensación de sentirse excluido y el aislamiento de las gentes que viven fuera de una comunidad familiar se abren paso con más virulencia que en Navidad. Durante nuestro paseo matinal, estamos hablando del valor ético de la formación de una familia cuando Robert me da un codazo y me señala a dos mujeres que pasan ante nosotros:
— ¿No le ha llamado la atención el desprecio con que nos han mirado, como si fuéramos delincuentes?
— O beatos que divagan sobre cualquier cosa—prosigo yo, y Robert se ríe:
— Sí, para las mujeres somos artículos defectuosos. Tenemos que conformarnos con eso, queramos o no”

Navidad de 1954. Carl Seelig. Paseos con Robert Walser.

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3 comentarios en “Paseos en la nieve

  1. […] paseos de Robert Walser? Para el escritor suizo, su propio disfrute, sin duda. Para nosotros, la observación que hizo de ellos y la forma de contarlos que tuvo Carl Seelig, el acompañante ocasional que quiso dejar constancia por escrito de aquellas largas […]

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