Maleta de tahúr

Este es un anuncio de una empresa de venta de baúles y maletas de viaje de la costa oeste de Estados Unidos, San Francisco, digitalizado por la Sociedad Histórica de California. No hace falta ser muy avispado para adivinar que quienes compraban maletas en la época eran en su mayoría hombres: Tabaco picado para fumar en pipa marca “One Jack”, cigarrillos, habanos del tipo conocido como “petit torpedo” o “pequeños torpedos”, cuellos de camisa, una tela estampada que parece la camisa en sí —¿la unica camisa de repuesto?—, la inevitable botella de whisky y su consabida petaca, una baraja francesa desordenada. Parece todo muy masculino, ¿no es cierto? Pues yo apostaría que es la maleta de una mujer. Sería una heroína interesante. Apostaría también a que hay un revólver escondido bajo esa tela. Una mujer de fuerte carácter, independiente y atrevida en un año en el que las mujeres independientes y atrevidas eran mal vistas, necesita llevar un arma. Una pionera cuando la frontera física, el oeste, la costa del Pacífico, ya había sido alcanzada por los colonos, cuando ya no había más geografía por delante. Cuando no quedan caminos físicos por descubrir —aunque aquí aún había tela para los marinos—, hay que empezar a ser aventurero, o aventurera, de otros hechos y circunstancias desconocidas.

Maleta de tahúr
Imagen: California Historial Society / Sin restricciones de derechos de autor conocidas

La sociedad histórica de Califiornia no se atreve a poner una fecha en el anuncio, pero si se fijan, hay dentro de la maleta un almanaque rojo del año 1883, justo debajo del peine. Eso no significa nada, podría ser un almanaque antiguo, pero vale como aproximación. Nos ayuda también el detalle que más me llamó la atención de todo el anuncio, el folletín con la novela Nana de Emile Zola, que fue publicada en Francia por primera vez en 1880. Y una última observación, ¿tan preocupado estaba ese hombre de su imagen pública como para llevar entre sus enseres más personales dos cepillos para la ropa? ¿En el salvaje, o ya no tanto, Oeste? ¿Y la fruta? ¿Y la foto de esa mujer? Podría ser su madre, y de ella  ¿por qué no?

Así que, haciendo de Sherlock Holmes, y contra toda evidencia, proclamo que quien hizo este anuncio pensando en la maleta de un hombre, dibujó la maleta de una heroína moderna: Una mujer valiente que se atreve a cruzar por si misma el océano y todo el vasto territorio americano, que le gusta fumar habanos —como hicieron unos años más tarde Virginia Woolf en Londres o Gertrude Stein en París, ésta delante del mismísimo Hemingway—, cigarrillos o pipa, que no duda si ha de disparar un revólver y que adora distraerse embaucando a los hombres jugándose un beso a las cartas o vendiéndoles botellas de falsa loción crecepelos y dudosas pomadas para la tos, los muy imbéciles, cuyos frascos y envases pueden ver en el interior. Si era rubia o morena, delgada, de estatura media o algo bajita, ojizarca o de mirada glauca ¿realmente importa? Era una mujer y se llamaba…

El bautizo se lo dejo a ustedes, si se atreven a ponerle nombre o, incluso, añadirle algún rasgo más a este personaje de mi invención que ahora también es suyo.

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4 comentarios en “Maleta de tahúr

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