Esos otros, esos yos

Son divertidas y perversas, representan el misterio, ocultan deseos inconfesables y esconden frustraciones y desengaños. La máscara, tan atractiva para quien la usa como para quien la observa, se revela y se ilumina ante los ojos de todos cuando llega el carnaval. El resto del año permanece en ese lugar traslúcido donde se perfilan las sombras de quién quisiéramos ser o con quién nos gustaría encontrarnos.

Las máscaras tienen que ver con algo de cada uno de nosotros, con nuestros yos escondidos. Y hemos aceptado que unos días al año circulen con libertad sin que quiebren la imagen que representamos en el teatro de lo cotidiano: seres responsables, serios, leales y todas esas virtudes —verdaderas y falsas— con las que el ser humano se adorna cada día al despertar.

Máscara
Foto: Annca / Pixabay/ CC0 Public domain

Durante unos días —en Cádiz desde hoy jueves— miles de personas en todo el mundo serán incapaces de reconocer tras ellas ni al compañero de trabajo, ni al amigo, ni al familiar, ni al conductor del autobús que conduce a destino, ni al tendero, ni al vendedor de prensa o al revisor del tren de cercanías que pica billetes cada mañana. Se cruzarán con nosotros por la calle y nos mirarán sin ser vistos, como quien se oculta tras una cortina para cotillear qué está ocurriendo en el salón. La única defensa posible ante ese voyeurismo es colocarse una y participar en el juego.

Desaparecen las identidades reales. Todo se transforma en una excelsa fantasía romántica. Siempre, desde que era niño, el carnaval me pareció un paréntesis lleno de romanticismo a la vez que muy divertido, una ocasión especial para el amor y para la risa. Cuando todo se acababa, el poso, la mezcla resultante era una alegría melancólica, una sensación muy parecida a la tristeza que deja la pérdida de la belleza efímera, la mezcla del placer intenso y su final, los fuegos de artificio.

En todo ese teatro popular representado en la calle, al amparo de la máscara, hay algo que no nos pertenece, algo que se escapa a la razón y que destila melancolía porque podría ser propio: el sentir y la mirada de quienes no somos, de quienes no podemos ser.

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7 comentarios en “Esos otros, esos yos

  1. Me ha gustado mucho tu texto… Y hemos aceptado que unos días al año circulen con libertad sin que quiebren la imagen que representamos en el teatro de lo cotidiano: seres responsables, serios, leales y todas esas virtudes —verdaderas y falsas— con las que el ser humano se adorna cada día al despertar… Un abrazo “verdadero”

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