47 grados sur

A veces las fábulas y los mitos nacen de los errores involuntarios. Al menos, creo que eso es lo que le ocurrió al bucanero William Ambrose Cowley cuando documentó en 1683 el descubrimiento, frente a las costas de la Patagonia argentina, de una pequeña isla que nadie jamás volvió a ver excepto en los mapas que se cartografiaron con las coordenadas indicadas por el pirata, a 47 grados sur de latitud en el Océano Atlántico.

Cowley bautizó la isla con el nombre de Pepys (léase Pips), en honor a Samuel Pepys, famoso diarista y secretario del almirantazgo británico y aunque fueron muchos marinos los que años después trataron de localizarla, entre ellos James Cook o Jean François de La Pérouse, nunca dieron con ella. Hay quien piensa que el bucanero, a pesar de ser un navegante experimentado, se confundió con las Islas Malvinas, en aquella época llamadas Sebaldinas.

Pepys Island
Imagen: Douglas Fernandes (CC BY 2.0)

Hoy es considerada una isla fantasma que solo existe en viejos mapas equivocados. Curiosamente algo parecido ocurrió hace unos años, en 2012, con la Isla Sandy o Isla del Sable, en el Océano Pacífico, registrada por primera vez en 1774 por James Cook y que aparecía hasta en los mapas de Google Earth. Cuando los científicos se pasaron por allí, la isla ya no estaba. No se sabe aún por qué.

A mi me gusta su condición de islas imaginarias o imaginadas, como fueron en su día la Isla de Nunca Jamás soñada por J.M.Barrie para Peter Pan, la Isla del Tesoro creada por R.L.Stevenson, la isla —en realidad una enorme ballena— en la que acampó la expedición por el Mar del Norte del monje San Brendan o la Isla de Villings en la que Adolfo Bioy Casares situó La invención de Morel.

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13 comentarios en “47 grados sur

  1. Muy interesante tu entrada, es fascinante el influjo que ejercen las islas que mencionas en la imaginación. A veces a más pequeñas y lejanas pareciera que se agranda el aura de misterio. Leí hace unos meses: Atlas de islas remotas, de Judith Schalansky, una pequeña joya, muy recomendable, que trata de esa temática. Tu aporatación me ha hecho continuar navegando 🙂
    Saludos.

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    • Me gustaría leer ese libro, Quirico. Ví hace un tiempo una reseña y me pareció muy interesante. Las islas tienen algo de seres abandonados en mitad de ninguna parte, refugio de náufragos, presidio de indeseables, pero también algo de paraíso perdido. Se prestan con facilidad a la ensoñación. Saludos.

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  2. ¡Fantástica entrada! Es casi la continuación “debida” a “El bosque infinitesimal”
    Tampoco hay que olvidar la Isla de San Borondón, adaptación canaria de la leyenda de San Brendan; o las Islas que visitó Gulliver.
    No sólo se fija en las islas, pero también es muy recomendable la “Historia de las tierras y los lugares legendarios” de Umberto Eco editado por Lumen.
    Saludos

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  3. Sí, buena historia: cada vez más necesitamos patrias ficticias, y una isla inventada es una idea que seduce. Me ha traído a la memoria la historia del Reino de Redonda que Marías cuenta en “Negra espalda del tiempo”.

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    • No estoy de acuerdo del todo contigo, Josetxu. Puede se que haya quien necesite una patria ficticia, no lo niego, pero no es mi caso, por ejemplo. Piensa lo que le ocurrió a Sancho en la ínsula Barataria. Saludos.

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      • Puede ser. Cuando siento el deseo de olvidar las limitaciones y los problemas añoro tener un lugar imaginario del que ser parte y en el que descansar. Y me gusta pensar que pueden existir. Evasiones…

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